Ilustración: Alen Lauzán / Videos: LabGRS-PUCV / Q-ForestLab.

El disturbio biótico más importante del hemisferio sur

El aumento de temperatura del planeta favorece la expansión de muchos insectos. En el hemisferio sur pocos se han adaptado tan bien a esas nuevas condiciones como la cuncuna espinosa.


Un equipo de científicos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso grabó este verano imágenes que podrían estar en una película de terror. En la primera toma, captada desde un dron, se observa un bosque de lengas sin hojas, inhóspito. En la siguiente, aparece el suelo del bosque cubierto con una capa ondulante. Al principio cuesta identificar de qué se trata. Luego empieza a notarse que son cuncunas espinosas. Son tantas y forman una masa tan compacta, que en cierto momento se pierde la perspectiva y no se sabe si estamos viendo el suelo o una pared de insectos que se viene encima de la cámara.

Los investigadores que captaron este fenómeno contaron que mientras avanzaban entre los árboles las cuncunas les caían encima.


Crédito video: LabGRS-PUCV / Q-ForestLab.

Crédito video: LabGRS-PUCV / Q-ForestLab.

Estos insectos son las larvas de la polilla Ormiscodes amphimone que habita entre Valparaíso y Magallanes. Las del video fueron captadas en enero, en el parque nacional Patagonia, en la región de Aysén. Mas precisamente en el sector de Jeinimeni, al que se accede desde Chile Chico. Las cuncunas estaban en el suelo porque se habían comido todas las hojas de un árbol e iban rumbo al siguiente.

El brote de Jeinimeni avanzó a 33 hectáreas por día, lo que equivale a más de 40 canchas de fútbol profesional cada jornada. Cuando el frío detuvo a las cuncunas en marzo, habían devorado miles de hectáreas. Tras su paso quedaron solo árboles desnudos, sin hojas. Recientes estudios muestran que la cuncuna no mata solo árboles viejos, como pensábamos. Si ataca sucesivamente a un árbol joven y en crecimiento, también puede acabar con él.

El brote de Ormiscodes de Jeinimeni fue solo uno de los detectados los últimos veranos. En 2023 apareció en Maule y comió las hojas de todas las especies disponibles. En las zonas donde hay vacas, los animales se dañan las encías tratando de llegar al pasto que estos insectos también devoran. Sin embargo, los bosques de lenga del sur son su territorio ideal, porque conforman un extenso manto de comida sin interrupciones desde el sur de Chiloé hasta Magallanes.

Estos brotes no son eventos nuevos en nuestro país. Hay registros desde hace 200 años. La diferencia es la frecuencia y la intensidad que hoy tienen. Hace 200 años ocurrían dos o tres veces por siglo. En los últimos 25 años, sin embargo, se han detectado al menos ocho brotes.

¿Por qué pasa esto?

Hay una ley fundamental de la biología que las personas usualmente olvidan: lo que está vivo tiende a multiplicarse todo lo que puede. La vida está, en cierta manera, “programada” para expandirse sin freno y lo hace si encuentra condiciones adecuadas de temperatura y alimento.[1] Esto es válido tanto para las cuncunas espinosas, como para los camellos o los seres humanos.

La Ormiscodes , por ejemplo, existe en Santiago, pero no se puede reproducir con la misma intensidad que en Aysén porque no tiene esa mesa servida y abundante que son los bosques de lenga. Pero cada cierto tiempo esta u otras especies irrumpen. En el recuadro al final de esta columna se citan los recurrentes brotes de polillas en Santiago y la permanente sorpresa que causa entre los santiaguinos.

En ese sentido lo que llamamos “naturaleza” es el equilibrio que resulta de la competencia entre especies que intentan expandirse lo máximo que pueden y que son frenadas por otras especies o por las condiciones ambientales. Los brotes entonces ocurren cuando las barreras ceden por algún motivo. Eso explica por qué hay especies que en su lugar de origen están en extinción, pero en otros lados son muy abundantes e incluso consideradas como plagas, siendo el conejo europeo quizás el ejemplo más notable.

En el caso de las polillas, lo que ha cambiado es la temperatura del planeta. Inviernos más cálidos permiten que más huevos sobrevivan hasta la primavera y que más cuncunas nazcan. Hace un siglo esos inviernos ocurrían esporádicamente y la polilla se expandía un año, pero al siguiente la temperatura volvía a frenarla.

La expansión de insectos a nuevas áreas producto del cambio climático parece ocurrir en todo el mundo. Un ejemplo son los escarabajos de los pinos de montaña (Dendroctonus ponderosae) en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, sin embargo, no hay nada como las cuncunas espinosas. Estas constituyen el disturbio biótico más importante en nuestro lado del planeta.

¿Qué podemos hacer?

Las personas suelen creer que el desarrollo tecnológico puede resolver muchos problemas que hemos causado en el medio ambiente. Piensan que podremos encontrar combustibles que no contaminen, o sortear -con bunkers, por ejemplo- algunos efectos del calentamiento global. Cuesta aceptar que hay problemas frente a los cuales no podemos hacer mucho, una vez que se han desatado.

Los brotes de algunas plagas son un ejemplo: una vez que empiezan, no tenemos como detenerlas. En el plano teórico hay investigaciones que sugieren que sí podríamos hacer algo. Por ejemplo, la cuncuna tiene un enemigo natural, una pequeña avispa cuya larva se come los huevos de la Ormiscodes. En teoría uno podría cultivar a esas avispas en un laboratorio y esparcirlas en helicóptero en el momento adecuado. Pero eso sería extremadamente caro. Por lo demás, nunca se ha demostrado que estas micro avispas sean lo suficientemente eficientes como para poder controlar a la cuncuna. Eso lleva a pensar que lo que mantuvo a raya a este organismo fueron los inviernos crudos. Pero esos inviernos ya no son tan frecuentes como solían ser.

Las zonas donde ha aparecido Ormiscodes varias veces hoy están llenas de troncos muertos y las copas de las lengas no se topan como antes. La luz en el suelo cambia los procesos biológicos. Es difícil predecir el futuro por supuesto, pero todo esto sugiere que los milenarios boques de lenga que conocemos cambiará radicalmente en los próximos años.


Recuadro

¿Una plaga nunca vista?



En el verano de 1948, 16 vecinos de la calle Eusebio Lillo, en el barrio de Santa Filomena, en Santiago, escribieron una carta reclamando por una plaga de cuncunas que afectaba a un álamo plantado en esa calle. Los vecinos pedían a la autoridad arrancar el árbol pues estaban convencidos de que era la causa de la multiplicación de estos insectos que provocaban molestias “principalmente por su aspecto repulsivo”. Antes y después de ese episodio las plagas de polillas se sucedieron en Santiago con regularidad. En general la prensa habla de ellas como si fueran un hecho inédito.

2008, The Clinic: ¡Plaga de polillas en Santiago!

2015, Bío Bío: Plaga de polillas en Santiago: La causa del fenómeno y qué hacer para espantarlas

2020, La Tercera: ¿Es cierto que hay una “invasión” de polillas en Santiago?

2024, LUN: Se adelantó la temporada de polillas: el calor aceleró su crecimiento.


NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Este principio se puede expresar más formalmente como: «Una población de organismos aumentará exponencialmente (geométricamente) si dispone de nutrientes abundantes y no hay enfermedades, depredación, emigración ni inmigración” (Dodds, Walter, Laws, Theories, and Patterns in Ecology, p 36).  Este asunto también lo aborda Peter Turchin en Does population ecology have general laws?

Un comentario de “El disturbio biótico más importante del hemisferio sur

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