Conflicto Rusia-Ucrania

¿Está más cerca Europa de la guerra que hace un año?

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El diario El País informó que Europa se preparaba para la guerra y Putin, tras ser nuevamente electo presidente, volvió a amenazar con la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial. Esta columna analiza las fortalezas y debilidades rusas y estima que hay muchas incógnitas como para pensar en un conflicto continental. Putin carecería del apoyo interno para dar ese paso y arriesga también presiones económicas chinas. Las elecciones presidenciales de Estados Unidos podrían cambiar el escenario.


El domingo 3 de marzo el diario español El País publicó un artículo titulado “Europa se pone en pie de guerra”, señalando que el inicio de un conflicto con Rusia se volvía altamente probable en el contexto actual (Rizzi, 2024). Reproduciendo declaraciones emitidas por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, se sugiere que estamos en presencia de un “cambio de paradigma en Europa” que requiere que, en palabras de la presidenta, “Europa dé un paso al frente”.

El panorama que dibuja el artículo, y que es transmitido desde el liderazgo europeo, reconoce un cambio con respecto a 2023 que impone la necesidad de replantearse el esquema sobre el que la Unión Europea cimenta su seguridad interna y externa en el tercer año desde el inicio de la invasión terrestre de Rusia a Ucrania. La ausencia de un sistema de defensa europeo, y la consecuente dependencia en la OTAN, además de desacuerdos internos frente a amenazas externas – Orban en Hungría con respecto a Rusia y las posturas divergentes de los países europeos con respecto a la guerra en Gaza – instalan la urgencia por ordenar la casa común e iniciar las reformas que permitan sentar las bases de una Comunidad Europea que posea las herramientas para enfrentar un panorama internacional incierto (Pérez, 2024).

El artículo daba cuenta además de una serie de medidas alineadas con el “estado de alerta”. Por ejemplo, que en Bélgica se están tomando acciones para volver al sistema de reservistas[1]; o que en Suecia se le está sugiriendo a la población prepararse psicológicamente para la guerra. Según varios estudios citados en el medio, sería esperable además que Rusia extendiera sus operaciones más allá de Ucrania dentro de los próximos 5 a 8 años. De hecho, tras ser reelecto este fin de semana con el 87,28% de los votos (“farsa electoral” lo llamaron en medios internacionales, pues se trató de una elección controlada), Putin volvió a amenazar con el posible inicio de una tercera guerra mundial y dijo que Rusia estaba equipada para enfrentar un conflicto nuclear.

“Una diferencia relevante con respecto a 2023 viene dada por los importantes procesos eleccionarios que tendremos este año: las elecciones presidenciales de Estados Unidos y del parlamento europeo”

Ciertamente en el agitado contexto actual, existen razones para pensar en un conflicto escalado que involucre a la Unión Europea, la OTAN y Estados Unidos. La guerra en Gaza, los recientes llamados de ayuda hechos por Transnistria a Moscú, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la acelerada modernización de la OTAN dan cuenta de ello. Pero, aún cuando en el escenario hay tensión, no es tan claro poder anticipar si ello derivará en un conflicto generalizado. En primer lugar, porque los costos de la guerra serían altísimos para Europa, China y Rusia, en un contexto en el que la desaceleración económica ya es problemática. Además, aún deben despejarse piezas que son clave para inclinar la balanza hacia uno u otro lado, como las elecciones presidenciales en EE.UU., donde la victoria de Biden o de Trump debiera llevar a caminos divergentes frente a un conflicto en el corazón de Europa.

Ahora, el panorama de 2024 no pareciera ser fundamentalmente distinto al que se desarrolló en 2023. Las condiciones recientemente expuestas ya estaban dadas el año pasado. De hecho, el cambio de paradigma que la Unión Europea reconoce como necesario, es decir, el fortalecimiento del órgano de defensa europeo, la OSCE, es un tema que se viene discutiendo desde el inicio de la invasión terrestre de Rusia a Ucrania (Günther, 2022).

¿Debemos suponer entonces que una guerra extendida hacia el resto de Europa es más probable que hace un año? En los siguientes párrafos abordaré algunos de los eventuales escenarios que podrían derivar en ello. Enfocaré el análisis sobre todo desde la perspectiva de Rusia y su historia geopolítica reciente, que es mi área de estudio. En algunos puntos sugeriré lecturas complementarias, que pueden permitir al lector/a profundizar en un conflicto que inició su tercer año, y sobre el cual aún cuesta ver una salida clara.

  1. Elecciones Presidenciales en Estados Unidos

Hace una semana, tanto Biden como Trump aseguraron los votos para ser nominados como candidatos presidenciales por sus respectivos partidos ; y los analistas prevén un resultado estrecho entre ambos, voto a voto, en las elecciones presidenciales de noviembre. Dependiendo de quién triunfe, Estados Unidos se ubicará más o menos alineado con Europa, lo que a su vez determinará el marco de acción para Putin.

En caso de que Biden siga en el cargo, se prevé un reforzamiento de las capacidades de la OTAN, una modernización que ya ha empezado bajo su administración, que permitiría actualizar la estructura de comando de la fuerza conjunta de los aliados. Este paso inevitablemente significaría generar las condiciones materiales para una guerra entre la OTAN y Rusia (Detsch, 2024).

Otra posibilidad es que la continuidad en el cargo de Biden traiga consigo un giro en la política exterior, para centrarse en el Medio Oriente y China, regiones que son percibidas como estratégicamente más relevantes para Washington y el electorado norteamericano (Ashford, 2024). Este tema es abordado en “The Internationalists: The Fight to Restore American Foreign Policy After Trump” (Los internacionalistas: La lucha por restaurar la política exterior norteamericana después de Trump), un libro recientemente publicado por analista político estadounidense Alex Ward. Allí el autor plantea que la posición de la administración de Biden, bajo el liderazgo de Jake Sullivan, ha buscado concentrarse en los asuntos que son considerados centrales para el electorado estadounidense. Bajo esta lógica, China y el Medio Oriente, más que Rusia-Ucrania, son los puntos cardinales del quehacer del Departamento de Estado en Washington (Ward, 2024). Esta posición dejaría a Europa aislada en la contención de la creciente influencia rusa en la zona, lo que también podría alimentar las ambiciones del liderazgo moscovita en el corto plazo.

“El estallido de un conflicto a mayor escala no está en el interés del gobierno chino”

Un escenario similar se materializaría con una victoria republicana en las elecciones. La vuelta de Trump significaría que el mencionado reforzamiento de la OTAN sería dejado de lado. Esto generaría un vacío y una pérdida del poder disuasivo de la OTAN, permitiendo a Putin extender sus ambiciones más allá del límite actual, dejando a Europa en una situación ambigua y a la merced de sus propias desavenencias internas (Lippert, 2023).

En su artículo El País cita a William Alberque, director de Estrategia, Control de Armas y Tecnología del Instituto Internacional de Estudios Estratégico, quien plantea que ‘Rusia ataca donde huele debilidad, no donde percibe fuerza’ (Rizzi, 2024), identificando el escenario ideal para desatar el potencial agresivo del estado ruso. En ambos casos, la presunción es que el gobierno autoritario de Putin se encuentra esperando un momento propicio para extender sus operaciones y reafirmar su condición de poder global.

2. La interna en Rusia

Si se toma en cuenta la situación doméstica y específicamente la posición de Putin en Moscú, es posible concluir que extender el conflicto y ampliar el rango de operaciones militares, es un objetivo casi imposible de alcanzar en el contexto actual.

Como siempre, realizar pronósticos sobre lo que ocurre en los pasillos del Kremlin es un ejercicio adivinatorio y que ya dejó a muchos analistas desconcertados (incluyéndome) después de la invasión terrestre a Ucrania de febrero de 2022. Pese a esto, es plausible pensar que no está en el interés directo del liderazgo moscovita escalar aún más el conflicto.

Uno de los impedimentos para seguir esta línea radica en que expandir las operaciones militares implicaría aumentar la movilización de reservistas hacia el frente, una medida que ha sido resistida desde la población rusa (Morris, 2023). Este problema se ha acentuado con las protestas de los familiares de los conscriptos, quienes crecientemente han utilizado su posición para demandar la desmovilización total de los reservistas en el frente (Moscow Times, 2024).

Es precisamente la impopularidad de la movilización masiva lo que motivó inicialmente al Kremlin a utilizar fuerzas militares privadas como Wagner.[2] Sin embargo, la rebelión fallida de Evgenii Prigozhin en junio de 2023 ha hecho ver la necesidad de contar con una fuerza militar bajo el estrecho control del ministerio de defensa y la autoridad de su ministro Sergei Shoigu.

Es interesante notar este proceso pues pareciera que la oposición a las medidas tomadas por el gobierno de Vladimir Putin no solo proviene de las fuerzas democráticas y pacifistas. La tendencia hacia un mayor control de la esfera pública se está aplicando también a quienes apoyan la guerra, pero critican el manejo que se ha hecho de ella. El reciente arresto y condena por cuatro años de Igor Girkin – alias Strelnikov – mercenario que lideró la formación de la autoproclamada República de Donetsk, es una demostración de esta última tendencia. Esta situación demuestra que pese a el control férreo de la opinión pública mediante la censura y la represión injustificada que el gobierno ruso aplica a sus adversarios, la oposición al liderazgo de Putin emerge incluso al interior de las propias filas, limitando el rango de maniobra que el liderazgo en Moscú posee para cambiar radicalmente el escenario actual.       

Adicionalmente, en la última cuenta pública de Putin ante la Asamblea Federal, a fines de febrero, fue interesante notar que los asuntos internacionales no figuraron centralmente en su alocución. Incluso cuando se refirió a estos fue posible notar que, en cierta medida, sugirió una serie de condiciones que permitirían y harían aceptable, desde su particular perspectiva, acabar con el conflicto (Putin, 2024). De hecho, Mark Galeotti – experto en asuntos rusos, profesor honorario de University College London – en su análisis de la cuenta pública, notó que el mapa que se usó como telón de fondo en la transmisión del discurso de Putin, no poseía las regiones anexadas de Donetsk ni Crimea como parte de la Federación Rusa (Galeotti, 2024). A lo mejor se trata de un error, pero no deja de ser simbólicamente interesante.

En esta lógica, el reciente despliegue de tropas y armamento de defensa en las fronteras con Finlandia y Suecia debe entenderse como un paso que estaba proyectado y era esperable desde el acceso de estos dos países a la OTAN. Esta novedad, por lo tanto, tampoco debería causar sorpresas ni indicar un cambio repentino del status quo.

Diversos analistas de los asuntos domésticos rusos coinciden en que la etapa tardía del putinismo, además de caracterizarse por un creciente autoritarismo, busca movilizar a la población alrededor de la guerra. Y no específica y únicamente en contra de Ucrania, sino más bien en oposición a un occidente laxamente definido e identificado con valores calificados de “decadentes” (Kolesnikov, 2022; Kostov, 2023; Tucker, 2024). Marlene Laruelle es una académica y ensayista que ha trabajado en detalle este tema y que se recomienda seguir para entender el rol que la guerra juega en el imaginario del liderazgo ruso y sus efectos sobre la población (Laruelle & Grek, 2023).

“Aún deben despejarse piezas que son clave para inclinar la balanza hacia uno u otro lado, como las elecciones presidenciales en EE.UU., donde la victoria de Biden o de Trump debiera llevar a caminos divergentes”

Sin embargo, la centralidad de la guerra en este imaginario es conveniente en la medida en que sea posible mantener un tipo de conflicto de baja intensidad, empantanado, circunscrito a un territorio y que permita desplegar el discurso de oposición a la “dominación colonial de occidente” y de Rusia como baluarte de los “valores tradicionales” que occidente ha decidido desechar. Este discurso, que apela exitosamente a grupos de extrema derecha en Estados Unidos y Europa (Yampolsky, 2022), es precisamente el objetivo hacia al que se apunta con la ofensiva rusa en Ucrania: una guerra de desgaste de largo aliento. Asimismo, un escenario de este tipo permite mantener las relaciones cordiales con la República Popular de China, quienes favorecen evitar hostilidades que compliquen el flujo comercial sobre el que cimentan su liderazgo global.

3. El problema de Transnistria

Mapa de Moldavia y el territorio de Transnistria (diseño de Leo Camus)

Transnistria (la región pintada de amarillo en el mapa) ha emergido en las últimas semanas como otro argumento válido a la hora de dar cuenta de la cercanía que tenemos con un conflicto mayor. Esta región separatista, ubicada al interior de Moldavia y que comparte frontera con Ucrania, se declaró independiente tras la caída la URSS y su situación se ha mantenido congelada desde 1992, cuando se estableció un acuerdo entre Chisinau (capital de Moldavia) y Tiraspol que, si bien no resolvió el conflicto, ha permitido mantenerlo en un estado de relativa paz.

Desde entonces, las autoridades separatistas en Tiraspol han consolidado la institucionalidad política, económica y social que haría posible en el futuro atender su aspiración independentista: desde establecer un monopolio de la fuerza en la región hasta construir una infraestructura de servicios sociales y económicos para la población (Blakkisrud & Kolstø, 2011). Sin embargo, es preciso también recordar que este conflicto y la posición de Transnistria en el panorama doméstico de Moldavia es una de constantes negociaciones. En este sentido, actores clave en el proceso de mediación entre Chisinau y Tiraspol – Rusia y Ucrania, quienes participan en mesas de diálogo entre las partes desde fines de los noventa – se encuentran ahora enfrascados en un conflicto que ha paralizado los mecanismos de resolución de desavenencias, permitiendo la emergencia de roces entre la capital moldava y sus regiones separatistas.

En este contexto, el llamado de socorro emitido por el congreso de Transnistria a Moscú puede ser un hecho alarmante si se considera que Rusia mantiene alrededor de 1500 soldados en la región, remanentes de lo que fue la 14va división del Ejército Rojo apostado en la zona, además de arsenales militares. Este llamado ha sido interpretado como un posible nuevo foco y que Moscú, de acudir en socorro de los separatistas (como auxilió a la autodenominada República de Donetsk), extendería el conflicto y abriría un nuevo flanco en la guerra que mantiene en Ucrania. La frontera que comparten Ucrania y Transnistria, monitoreada desde inicios del nuevo milenio por la UE para evitar el contrabando ilegal de mercancías, le permitiría a Moscú ingresar desde el oeste a territorio y acercarse a la estratégica ciudad de Odesa, un objetivo militar relevante en el control del Mar Negro (García-Ajofrín, 2024).

Pero Transnistria no es la única región con deseos autonómicos y separatistas en dicho país. La región de Gagauzia ha manifestado también aspiraciones históricas por reivindicar su autonomía y obtener concesiones de la mayoría rumano parlante (Oskolkov, 2023). En ese contexto, podemos insertar los últimos acontecimientos de Transnistria en una dinámica más larga y que probablemente busca tener efectos a nivel doméstico más que en el plano internacional.

“La centralidad de la guerra (…) es conveniente en la medida en que sea posible mantener un tipo de conflicto de baja intensidad, empantanado, circunscrito a un territorio y que permita desplegar el discurso de oposición a la ‘dominación colonial de occidente”

El cambio de algunas regulaciones que establecían el flujo de bienes entre Moldavia y Transnistria provocaron la reacción de Tiraspol, quienes suelen utilizar el recurso ruso como palanca en sus negociaciones con Chisinau. Bajo esta lógica, el recrudecimiento de los roces entre ambas partes se enmarca en el proceso de reacomodación soberana y negociación de autonomías, un proceso que post caída de la URSS pareció quedar zanjado, pero que periódicamente emerge entre los países del espacio post soviético, como lo atestiguan las disputas territoriales y fronterizas en Nagorno-Karabaj, Osetia y Abjasia.

4. China y los intereses económicos globales

Por último, China es un factor que juega un papel relevante a la hora de prever la emergencia de conflictos generalizados. De hecho, la creciente influencia china en la diplomacia internacional ha sido refrendada por una serie de hitos en los que su intervención ha sido clave para mediar conflictos de larga data, como ocurrió en marzo de 2023 con el acuerdo entre Irán y Arabia Saudita (Jash, 2023).

En este contexto, la posición de China ha sido una de adaptabilidad y flexibilidad en el ámbito internacional. En la reciente elección de Putin, China, India y Corea del Norte estuvieron entre los pocos países que felicitaron al mandatario por su victoria. Ahora, mientras estrecha lazos con Rusia, aumentando dramáticamente su importación de combustible ruso, China ha logrado llegar a acuerdos con la administración de Biden sobre el estatus de Taiwán. En este sentido, el ecosistema internacional favorecido por Beijing es uno de relaciones fluidas y no disrumpidas por conflictos a gran escala, condiciones que Rusia deberá respetar si quiere mantener su posición favorable con respecto a China.

Los múltiples compromisos económicos en infraestructura y financiamiento que China desarrolla a partir de su megaproyecto Belt and Road Initiative en Asia Central, además de incursiones considerables en las economías de África y América, permiten plausiblemente pensa que el estallido de un conflicto a mayor escala no está en el interés del gobierno chino.

Los elementos analizados permiten comprender que los aparentes signos de un rebalse de la guerra en Ucrania hacia Europa pueden moderarse. En esta lógica, una diferencia relevante con respecto a 2023 viene dada por los importantes procesos eleccionarios que tendremos este año: las elecciones del parlamento europeo, que en junio elegirá nuevos representantes, y las presidenciales de Estados Unidos. Los resultados de estos procesos pueden afectar el panorama internacional significativamente. Pero creo que hoy la situación es fundamentalmente de incertidumbre.

NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Este sistema implica otorgar instrucción militar a la población civil. En el caso de estallar un conflicto que requiera la movilización generalizada de tropas del país, la reserva puede ser rápidamente reclutada para agregarse a las filas del ejército permanente.

[2] La Compañía Militar Privada Wagner fue la fuerza mercenaria liderada por Evgenii Prigozhin, uno de los asesores cercanos al círculo interior del presidente ruso Vladimir Putin. Su sospechosa muerte, luego de la fallida rebelión de junio de 2023, fue interpretada como una victoria para el Ministerio de Defensa ruso, blanco habitual de las críticas que Prigozhin periódicamente hacía al alto comando militar ruso liderado por Shoigu.

REFERENCIAS

Ashford, E. (2024, febrero 28). US voters face a stark choice on foreign policy – and they might prefer Trump’s offer. The Guardian. https://www.theguardian.com/commentisfree/2024/feb/28/us-voters-foreign-policy-trump

Blakkisrud, H., & Kolstø, P. (2011). From Secessionist Conflict Toward a Functioning State: Processes of State- and Nation-Building in Transnistria. Post-Soviet Affairs, 27(2), 178-210. https://doi.org/10.2747/1060-586X.27.2.178

Detsch, J. (2024, marzo 8). NATO’s Military Has a New Nerve Center. Foreign Policy. https://foreignpolicy.com/2024/02/28/nato-russia-ukraine-war-shape-command-center-headquarters-military-reforms/

Galeotti, M. (2023, octubre 3). Opinion: Why Putin wants a ‘forever war’. CNN. https://www.cnn.com/2023/10/03/opinions/why-putin-wants-a-forever-war-galeotti/index.html

Galeotti, M. (2024, febrero 27). In Moscow’s Shadows 137: They Pretend To Lead Us, We Pretend To Believe. https://player.fm/episodes/404202112

García-Ajofrín, L. (2024, febrero 28). Transnistria tensions: Will Russia try to annex Moldova’s breakaway region? Al Jazeera. https://www.aljazeera.com/news/2024/2/28/transnistria-tensions-could-russia-try-to-annex-moldovas-breakaway-state

Günther, M. (2022, febrero 15). We have an institution to ensure peace in Europe. International Politics and Society. https://www.ips-journal.eu/topics/foreign-and-security-policy/we-have-an-institution-to-ensure-peace-in-europe-5716/

Jash, A. (2023, junio 23). Saudi-Iran Deal: A Test Case of China’s Role as an International Mediator. Georgetown Journal of International Affairs. https://gjia.georgetown.edu/2023/06/23/saudi-iran-deal-a-test-case-of-chinas-role-as-an-international-mediator/

Kolesnikov, A. (2022, noviembre 21). Scientific Putinism: Shaping Official Ideology in Russia. Carnegie Endowment for International Peace. https://carnegieendowment.org/politika/88451

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