Ilustración: Alen Lauzán

Una tarea que impacta la vida del 10% de las familias chilenas y que la política no ve

Tenemos que hablar del cuidado

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En Chile hay 1,7 millones de personas con discapacidad severa y 1,4 millones de adultos con algún grado de dependencia. Su cuidado recae principalmente en las mujeres de la familia. Es urgente cambiar eso, dicen los participantes de un focus sobre el tema. Si los candidato tocan ese tema, muchas familias les prestarán atención, sugieren los autores.


Nuestra sociedad envejece a una velocidad mayor que nuestra capacidad de diseñar e implementar políticas para enfrentar ese cambio demográfico. De aquí al 2050 el 32% de los chilenos y chilenas tendrá más de 60 mientras la expectativa de vida pasará de 81 a 85 años (INE 2022). Este escenario implica una creciente presión financiera asociada al cuidado, la salud y las pensiones. Esta compleja realidad ya la viven muchas familias y debería estar en el centro de las discusiones de política pública y de la agenda electoral presidencial. Pero no lo está.

La encuesta clima social y el panel Infocus de ICSO y Subjetiva (ver recuadro) permite correr ese tupido velo y dimensionar la complejidad de este cambio y sus consecuencias. Los datos también ofrecen un panorama de las políticas que las personas creen que podrían facilitarles la vida.


“La carga del cuidado somete a las familias a sentimientos ambivalentes. Las personas que desarrollan estas labores experimentan emociones contradictorias: ternura (66%) satisfacción (66%) y cansancio (60%). Un 68% se ha sentido sobrepasado /a emocionalmente.”


Un aspecto que emerge es el tema de los cuidados, el cual involucra a un amplio espectro de responsabilidades familiares que incluye el cuidado de hijos e hijas, personas con discapacidad y personas mayores que requieren de asistencia. Se estima que hay 1,7 millones de personas con discapacidad severa y 1,4 millones de adultos con algún grado de dependencia (ENDIDE 2023). Es decir, cerca del 10% de la población depende de la ayuda de otros.

El estudio (Infocus de ICSO y Subjetiva) muestra que quienes asumen el cuidado de las personas mayores son invisibles y su trabajo es minimizado y desvalorizado. La sociedad reconoce a la madre, al abuelo, al padre que cuidan a niños y niñas, pero no, a quienes cuidan a los mayores. Pareciera una obligación de los hijos y sobre todo de las hijas. Pero una cuidadora no es lo mismo que una hija como se verá a continuación.

UNA TAREA DE MUJERES

El cuidado es femenino. Y lo es por varias razones, partiendo por lo económico. La gran mayoría de los hogares carecen de los recursos para contratar a un cuidador externo y mucho menos para una posible internación en una institución privada que les dé confianza. Como la participación femenina en el mercado laboral es menor a la de los hombres y la brecha salarial los favorece a ellos, la mujer asume esta tarea. En pocos casos recibe apoyo económico del resto de la familia.


“Mi hermana en ese tiempo se quedó sin trabajo, mis otros hermanos todos trabajando o estudiando. Le organizamos un presupuesto, todos poniendo lucas todos los meses y dedicarle tiempo”

Focus Hombres


Por descarte u omisión de otros miembros de la familia, las mujeres se hacen cargo del cuidado de abuelos, tíos, suegros e incluso de parientes políticos más lejanos, quiéranlo o no.

Pero también hay razones culturales: un 38% cree que las mujeres tienen más capacidad para las labores de cuidado de adultos mayores, en tanto que un 15% señala que en última instancia, la responsabilidad de cuidar a los niños y niñas debe ser de la mujer más que del hombre. Otra encuesta va en similar sentido: un 66% estima que tener niños hace más difícil que la mujer trabaje (Encuesta Bicentenario 2024)

Un simple ejercicio de proyección nos muestra que la cantidad de mujeres que asumirán el cuidado de sus familiares mayores de edad irá creciendo y, con ello, los sentimientos de frustración, agobio y cansancio. Esos sentimientos conviven en tensión ambivalente con otros como el cariño, la ternura o la gratitud, todo lo cual lleva a un desgaste de salud, especialmente la de carácter mental. Consultadas las personas que desarrollan estas labores con qué frecuencia experimentan estas emociones, señalaron: ternura (66%) satisfacción (66%) y cansancio (60%) (Encuesta ICSO UDP 20025). A su vez un 68% se ha sentido sobrepasado /a emocionalmente y un 44% tiene problemas de salud por esta carga.


“Mi mamá duró 9 años postrada, muy dependiente, la comida, el baño, mudarla, vestirla, era totalmente dependiente. Mi hermana peleaba todos los días con nosotros, ella tenía que hacerse cargo (…) una persona en esas condiciones, enferma a quien la cuida. Mi hermana se enfermó mentalmente”

Focus Hombres


En paralelo, las tensiones en las familias por los aportes económicos y los tiempos dedicados se intensifican y generan distancias que perduran más allá de la muerte de ese pariente mayor. Lo anterior conlleva la pregunta de la percepción que se tiene del rol del Estado en materia de cuidados.

¿Y EL ESTADO?

Partamos por señalar la relevancia que tiene el factor cultural: la decisión de internar una persona mayor en una institución que pueda brindar los cuidados necesarios pasa en cierta manera por una consideración económica, pero muchas veces ellos va de la mano de la creencia que corresponde a las familias devolver el cariño y entrega que tuvieron sus padres. Un punto que parece determinante en la decisión de internar a un pariente mayor es la aparición de enfermedades neurodegenerativas que hacen más compleja la labor del cuidado.


“Mi mamá tiene un trastorno de la personalidad, (…) y estuvo internada, y creo que lo volvería a hacer, hay herramientas y profesionales que lo hacen mucho mejor, y no es abandono. Creo que es incluso negligente no hacerlo, sobre todo si tienes los recursos”

Focus Hombres


En segundo lugar se percibe una ausencia del Estado en torno a este tema. Hay un bajo conocimiento de medidas y políticas que se han implementado. En la encuesta del ICSO-UDP, un 64% de los encuestados cree que el cuidado de personas mayores debe ser compartido entre el Estado y la familia, mientras que un 86% apoya una compensación económica a quienes cuidan en casa. Existe la creencia de que el Estado ha delegado en instituciones privadas, especialmente relacionadas a la Iglesia, el tema de cuidado, haciendo un símil con la Teletón y la discapacidad.

Esa misma ausencia se observa en la coyuntura electoral: se estima que este no es un tema atractivo para visibilizar y poner en la agenda de debates que están teniendo lugar. Aunque una parte importante del electorado es mayor de 60 años, se estima que hay otros temas como la delincuencia que concitan más apoyos y en forma transversal.


“Hablar de cuidados no es tan glamoroso, porque ese cuidado recae en ciertas personas y no convoca tanto. Pienso que, ante todo, algo que se ha perdido es la ética de cómo se comunican las cosas, pero siento que el objetivo de vivir en un país es para estar mejor, todas las personas”

Focus Hombres


QUÉ HACER

Enfrentar los desafíos de la vejez como es el caso de los cuidadores precisa de una mirada especialmente integral. Son necesarias políticas públicas que consideren la dimensión simbólica como es el reconocimiento del rol de las cuidadoras y que podría traducirse en una remuneración; también se requiere mejorar las estrategias de comunicación respecto de la existencia de programas y una mayor coordinación de instituciones como los ministerios de Salud, Educación, de la Mujer y Equidad de Género, pero también Economía y Corfo. El cuidado requiere de políticas más focalizadas que sean capaces de reconocer las diferencias entre quienes asumen, ya sea por omisión de otros o decisión propia, esta labor.

Acciones propuestas por instancias nacionales e internacionales señalan la necesidad de apoyo a cuidadores por medio de programas especiales para cuidadores incluyendo apoyo emocional, cuidadores de reemplazo y capacitaciones (ONU 2023, Política Nacional de Cuidados 2024). CEPAL y ONU Mujeres, por ejemplo, han sugerido medidas específicas para avanzar en un sistema integral de cuidados, y que incluye el desarrollar una gobernanza política intersectorial para coordinar planes de acción y políticas centradas en la atención de las personas a cargo de los cuidados, generar estadísticas sobre las personas que están ejerciendo labores de cuidado, diseñar perfiles laborales y diseñar currículos de formación de competencias para cuidadores, promover campañas de sensibilización en relación al derecho al cuidado, entre otros (CEPAL-ONU 2021)

En los focus que realizamos, se destaca la necesidad de generar capacitaciones que debieran incluir al cuidador y a la persona mayor juntas, para hablar un mismo lenguaje y enfrentar mejor la convivencia. Se reitera la necesidad de centros de atención y relevo para cuidadores: atención diurna o visitas a domicilio para los postrados, de manera que los cuidadores puedan tener tiempo libre y los mayores socialicen. Y como una forma de reducir la desconfianza hacia instituciones externas para el cuidado se pide una fiscalización del trato digno y profesional en todos los hogares de adultos mayores.

Cuidadores y cuidados miran detrás de las ventanas, no salen a las calles a protestar ni acceden a las redes sociales para hacer sentir su problema. Pero viven una realidad que crece y que afecta al resto de la familia.

Este tema, tan transversal en la sociedad y que afecta de modo tan profundo el estado de ánimo de las personas, no aparece en la conversación política y menos en la conversación electoral presidencial. Solo se considera una arista parcial en algunos casos y que busca la integración laboral de las mujeres. Las prioridades aparecen marcadas por promover mayores condiciones para el crecimiento económico y generar políticas para enfrentar la inseguridad. La agenda social suele vincularse casi excepcionalmente con el debate sobre el salario mínimo y vital.

Pero todas aquellas medidas no alcanzan ni siquiera a rozar las condiciones de vida material y social de personas –principalmente mujeres, ya lo dijimos– que día a día y noche a noche ejercen labores de cuidados de sus hijos, de sus padres, de sus abuelos. Esta labor, como vimos, impacta en la salud mental, en las relaciones familiares, en la economía del hogar, y en las posibilidades de tener una vida más digna. Inaugurar una conversación social y política que parta por reconocer esta realidad y sobre cómo posibilitar condiciones para una vida digna, es tal vez la principal ausencia en la actual coyuntura electoral. Y quien se atreva a asumir esta conversación, seguramente será escuchado. En el escenario que se abrió después de las primarias, el debate sobre los cuidados será más relevante pues apela a un segmento muy significativo de la sociedad y tendrá implicancias financieras de largo plazo cada vez más significativas.


Recuadro:

Sobre el Focus

Los testimonio incluidos en este artículo provienen del informe del panel NFOCUS ICSO-UDP, una iniciativa conjunta con el Magíster en Métodos para la Investigación Social (MMIS) y el Observatorio de Desigualdades UDP. Este primer capítulo se titula “Los cuidadores descuidados”, y recoge las voces de mujeres y hombres que, desde su experiencia personal, han enfrentado las exigencias y dilemas del cuidado de adultos mayores.

El estudio se basa en dos sesiones online de focus group con personas de niveles socioeconómicos C2 y C3 de entre 30 y 50 años residentes en la Región Metropolitana. Los grupos fueron seleccionados por su experiencia en el trabajo con público o participación en organizaciones ciudadanas. El trabajo de campo fue realizado entre el 20 y 22 de mayo de 2025 por la empresa Subjetiva, y el proyecto contó con financiamiento del Women’s Equality Center (WEC).

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