La métrica que usa el presidente para valorar la investigación científica es demasiado estrecha para el problema que dice querer resolver, sugiere el autor. “Una evaluación responsable tendría que preguntarse, como mínimo, por cinco tipos de retorno, y ninguno puede medirse cabalmente en empleos directos”. Advierte que una democracia que mide mal su conocimiento no ahorra, se empobrece.

