Ilustración: Leo Camus

Evaluando el acuerdo comercial del Pacífico a dos años de su entrada en vigor

¿De verdad vendemos más gracias al CPTPP?

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Usando los ejemplos de Japón y Canadá, el autor muestra que hemos desaprovechado centenares de rebajas arancelarias que estaban a nuestra disposición y no hemos mejorado la variedad de productos que exportamos. Firmar acuerdos, explica el autor, “no se traduce automáticamente en diversificación ni en conquista de nuevos mercados”. Llama a hacer una evaluación técnica del CPTPP, en vez de destacar solo unos pocos éxitos.

“Gracias al CPTPP, las exportaciones chilenas a los países miembros alcanzaron los US$14.080 millones en 2024”, escribió El Mercurio al resumir dos años de vigencia del tratado. Esta perspectiva optimista está bastante extendida en nuestro debate público. Pero ¿es correcto atribuir esa cifra exclusivamente al acuerdo?

La realidad sobre el CPTPP (popularmente conocido como TPP-11) es bastante más compleja. Chile ya contaba con acuerdos comerciales con varios de los países miembros [1] antes de la entrada en vigor de este tratado. Si bien introdujo rebajas arancelarias adicionales, lo cierto es que no creó ese comercio desde cero. Gran parte de esos US$14.080 millones que se atribuyen a este acuerdo, sostengo aquí, habrían ocurrido con o sin él.

¿Significa eso que el CPTPP no tuvo ningún efecto? No. Pero para evaluarlo es necesario hacer un análisis serio del impacto del acuerdo y no seleccionar únicamente los casos que refuerzan las convicciones propias y omitir los que la contradicen. Las preguntas importantes aquí son: ¿qué sectores productivos ganaron más? ¿Dónde se produjeron aperturas reales que no existían antes? ¿Hubo un salto en productos específicos?


Más que cantar victoria por un puñado de casos que de todos modos se estarían vendiendo sin el CPTPP, lo que necesitamos es una estrategia para activar las 650 líneas que en el caso de Japón no son explotadas


Tampoco se pude dejar fuera de la evaluación el hecho de que, aunque las reducciones arancelarias influyen en el comercio bilateral, no son las únicas variables responsables. Cambios en los precios internacionales de los commodities, fluctuaciones del tipo de cambio o las condiciones económicas generales en los países socios pueden alterar los flujos comerciales. Dejar de lado esos factores y atribuir cualquier alza a un solo tratado no es análisis, es deshonestidad intelectual.

Tomemos a Japón como ejemplo. Bajo el CPTPP, 1.036 líneas arancelarias recibieron rebajas adicionales [2]. Si quisiéramos saber si estas rebajas impulsaron nuestras exportaciones, habría que entrar al detalle y revisar una por una las importaciones de productos chilenos que hace Japón, fijándose en las que subieron, en las que no y también en los productos que pese a haber sido beneficiados con rebajas, se estancaron o cayeron. Una de las omisiones que hacen las tablas optimistas que circulan sobre nuestro desempeño en el CPTPP es que apenas hemos “aprovechado” 48 de las 1.036 líneas arancelarias que nos concedió Japón. ¿Por qué ocurre esto?

Vayamos paso a paso [3]. De las 1.036 líneas arancelarias, 132 corresponden a productos que Japón simplemente no importa y que Chile no produce, como el abadejo de Alaska (Gadus chalcogrammus), en el que Japón nos rebajó su arancel al 0%. Estas 132 líneas, entonces, son accesos preferenciales a mercado donde no hay competencia, ni oferta, ni demanda, es decir, son concesiones simbólicas, pensadas más para la hoja de cálculo que para el comercio real.

Algo similar ocurre con otros 206 productos que Japón sí compra, pero que Chile no produce como “la seda cruda sin torcer”. Chile no tiene industria sericícola, ni gusanos de seda, ni plantaciones de moreras, pero cuenta con una rebaja arancelaria para vender eso en Japón.

Ilustración: Leo Camus

Estas “curiosidades” aparecen en los acuerdos con todos los miembros del CPTPP. Malasia, por ejemplo, nos ofreció generosas rebajas en lanzacohetes, lanzallamas, lanzagranadas, lanzatorpedos y lanzadores similares, productos de alto contenido tecnológico que Chile no exporta, al menos no todavía. Vietnam, por su parte, nos concedió rebajas arancelarias para el opio.

Volvamos a Japón. Al sacar los productos “exóticos” que no compran o que nosotros vendemos, quedan 698 líneas con potencial realista. Y aquí viene lo revelador: en 650 de ellas no exportamos absolutamente nada en 2024, pese a que en varias sí lo habíamos hecho en 2022 y 2023, por ejemplo, la miel natural, preparaciones alimenticias, tableros de madera, entre otros. ¿Por qué ocurrió eso? Es un misterio por resolver.

Así llegamos a una cifra realista: en apenas 48 líneas hicimos exportaciones efectivas en 2024. Muchas de esas líneas, además, corresponden a productos tradicionales de la canasta exportadora chilena, como salmones, jugo concentrado de manzana, concentrado de tomates, entre otros. Es decir, el uso efectivo del CPTPP hasta ahora ha reforzado el desempeño de sectores ya consolidados, y no ha generado una diversificación significativa hacia nuevos productos o nichos, que es precisamente donde el tratado ofrece oportunidades. En algunos de las 48 líenas, además, se registraron caídas respecto a 2022, como en el caso del salmón del Atlántico, los ahumados de salmón del Pacífico, o los congelados de carne de pescado.

¿Hay un sesgo al poner la lupa sobre Japón? En absoluto. El caso de Canadá es aún más contundente. En 2024, Chile no exportó nada en ninguna de las 100 líneas arancelarias adicionales que nos concedió ese país bajo el CPTPP.

La conclusión, entonces, no es que el acuerdo ha fracasado, sino que la evaluación debería ser otra. Más que cantar victoria por un puñado de casos que de todos modos se estarían vendiendo sin el CPTPP, lo que necesitamos es una estrategia para activar las 650 líneas que en el caso de Japón no son explotadas. Esa debería ser la verdadera noticia.

En febrero de 2026 se cumplirán tres años desde la entrada en vigor del CPTPP para Chile. Y la evaluación más racional y precisa, como la que hemos esbozado aquí arriba no es la única que nos falta. En 2018 junto a Canadá y Nueva Zelanda, firmamos la Declaración Conjunta sobre Comercio Progresivo e Inclusivo, comprometiéndonos a examinar la efectividad del CPTPP en áreas como desarrollo sostenible, igualdad de género, pueblos indígenas, desarrollo económico regional, pymes, derechos laborales y medioambiente.

Canadá y Nueva Zelanda ya publicaron sus evaluaciones Chile lo hará en febrero de 2026. ¿Vamos a hacer un informe riguroso o seguiremos con análisis, columnas y comunicados de prensa que celebran cifras al voleo sin un correcto razonamiento?

Optar por un trabajo serio, sin pirotecnia es importante tomando en cuenta que Nueva Zelanda, que tiene más capacidad técnica, reconoce en su informe que la evidencia cuantitativa es alentadora pero tentativa, debido a la falta de datos y tiempo suficiente para ver efectos estructurales.

Muchos investigadores y autoridades han planteado que, ante el proteccionismo creciente, como el que marcó la política arancelaria de Trump en su famoso ”día de la Liberación”, tratados como el TPP-11 funcionarían como un salvavidas comercial. En la práctica, sin embargo, estamos aprovechando una fracción mínima de las rebajas arancelarias disponibles, lo que demuestra que el acuerdo no se traduce automáticamente en diversificación ni en conquista de nuevos mercados.

Es un patrón que se repite en otros acuerdos como con Corea Sur y China[4],  en que el tratado ha tenido un efecto positivo sobre las exportaciones, pero no hay efectos significativos para nuevos productos exportados. Esto es, seguimos agarrados a los mismos remos de siempre. Negociamos miles de líneas arancelarias pero luego nos quedamos en los mismos productos de bajo contenido tecnológico, sin una estrategia que incentive a las empresas a usar las nuevas ventanas.

Confundir correlación con causalidad puede servir para el marketing político, pero no para entender la política comercial en serio. Celebrar el comercio con los países del CPTPP está bien; convertirlo en prueba irrefutable del éxito del tratado, no. Atribuirle todo al CPTPP es como colgarse una medalla por una carrera que ya se estaba corriendo. La política comercial no se construye con titulares, sino con análisis. Y en eso, todavía estamos muy al debe.


NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Los países miembros del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) son:  Australia, Brunéi Darussalam, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Reino Unido, Singapur y Vietnam. La cifra de US$14.080 millones en exportaciones chilenas en 2024 excluye al Reino Unido, ya que su incorporación al tratado entró en vigor en diciembre de ese año.

[2] Una línea arancelaria es una categoría usada en el sistema aduanero para clasificar productos. No siempre equivale a un producto tal como lo entendemos en el lenguaje cotidiano. Por ejemplo, no se registra simplemente “manzanas”, sino “manzanas frescas de la variedad Fuji” o “manzanas frescas de la variedad Pink Lady”, cada una con su propio código. Así, un mismo tipo de producto puede estar dividido en varias líneas arancelarias, según su variedad, presentación o uso.

[3] El análisis siguiente ocupa la base de datos de Trade Map (Centro de Comercio Internacional, ITC). Las importaciones de Japón desde Chile están al nivel de 9 dígitos del sistema armonizado (SA), correspondiente al nivel de desagregación donde se aplican las rebajas arancelarias adicionales del CPTPP.

[4] Para Corea del Sur, véase https://www.cepal.org/es/publicaciones/48679-tratado-libre-comercio-chile-la-republica-corea-evaluacion-mediante-controles. Para el caso de China, el estudio de Tomás Fernández (mimeo).

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