CARTA

Crónica de una toma anunciada (Manual de instrucciones)

«Estimades estudiantes, como todos los años, se llevará a cabo en nuestro campus universitario una de las actividades más esperadas por nuestra comunidad: la toma.» Carta de Juan Carlos Castillo, profesor titular del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile


Estimades estudiantes, como todos los años, se llevará a cabo en nuestro campus universitario una de las actividades más esperadas por nuestra comunidad: la toma. No podemos romper esta tradición que nos caracteriza y nos hace sentir protagonistas, es nuestro rito de bautizo a la vida juvenil universitaria. Por lo tanto, y sobre todo pensando en quienes recién se vienen incorporando a nuestra universidad, van algunas informaciones e instrucciones para que estén mejor preparados para este momento y sepan lo que se viene:

– La toma consiste en que un grupo de estudiantes – sin previo aviso – hará ingreso a la universidad (puede ser la facultad o el campus completo), expulsará a los académicos y funcionarios que se encuentren trabajando, y se adueñará de este espacio por un tiempo indeterminado, impidiendo que quienes trabajan ahí puedan ingresar.

– La toma ocurre durante el primer semestre, en general, a fines de abril o principios de mayo (no hay una fecha fija para mantener algo de sorpresa). Esto da tiempo durante marzo y abril para articularse y encontrar una temática que justifique la toma.

– No se confundan: la mayor parte de las veces la toma es el fin, no el medio. En situaciones excepcionales, la toma puede surgir en respuesta a demandas urgentes de nuestra comunidad o del país, pero por lo general primero se toma la facultad o el campus, y recién después se piensa en algún petitorio que la justifique. Sabemos que esto puede sonar muy extraño, pero ya se acostumbrarán.

– Las tomas no son democráticas y no se votan; se deciden por un grupo de dirigentes autoconvocados. Aun así, en general podría estar precedida por una votación de paro, para darle un tinte participativo. Ahora bien, sabemos que esto es un riesgo, ya que el paro podría no aprobarse (por votación o por quórum), lo que le quitaría piso a la toma. Pero para esto ya tenemos una solución: bajar el quórum necesario del 40% al 30% y realizar una votación exprés mediante un sistema alternativo al validado por la universidad para estas instancias (por ejemplo, usando Google Forms). Mediante esta estrategia, podremos validar el paro (y la posterior toma) con menos de un tercio de los estudiantes. La votación exprés se vuelve urgente sobre todo cuando ya pasó la mitad de mayo y aún no hay toma. Sin embargo, a pesar de todas estas estrategias de validación, algunas personas podrán cuestionar este tipo de votaciones exprés, y además dirán que votar paro no tiene nada que ver con validar una toma. Por ello, es muy importante no dar espacio a la deliberación y tomarse la facultad al día siguiente de la votación (que en realidad fue por paro, no por toma, pero para el caso da lo mismo).

– Sobre todo para la gente que no es de Santiago: sepan que los y las líderes de la toma (en general, dirigentes autoconvocados) son, por lo general, de colegios emblemáticos y/o red-set de la capital, con experiencia en este tipo de situaciones. Ell_s eligieron estudiar en nuestro campus ya sabiendo que venían a esto, se han preparado para este gran momento, y para ell_s sería un fracaso pasar un año en la universidad sin haber sido capaces de levantar una toma. Si no han escuchado nombres de colegios del tipo Manuel de Salas, San Juan, Girouette, Carmela, Raimapu o Lastarria, se les comenzarán a repetir. Si eres de provincia o de la periferia de Santiago y pretendes ingresar a este círculo, tendrás que esforzarte el doble, dando muestras de extrema determinación (del tipo «avanzar sin transar» y con voz muy fuerte).

– Sobre las actividades durante la toma: acá lo importante es mantener una imagen de mucha actividad, para dar la impresión de articulación y potencia estudiantil, y que no se note que quienes participan en la toma son a lo más un 5% de los estudiantes. Por eso se difundirán activamente en redes sociales actividades que mantienen “viva” la toma, del tipo ciclo de cine, huerta sustentable, club de lectura, taller de pintura de lienzos, muralismo, entre otras.

– Es importante saber que la toma tiene un carácter regresivo-atemporal. La música que se comenzará a escuchar será la que escuchaban nuestros padres, madres, y abuel_s, como Silvio Rodríguez, Víctor Jara, Inti Illimani, y Los Prisioneros, y que inspira a buscarle un sentido a la misma toma. En este espíritu tendremos invitados ad-hoc, como el profe Artés, quien nos acompaña frecuentemente con sus charlas sobre la persistencia de la guerra fría y sobre las particularidades de la democracia en Corea del Norte. Las consignas y los lienzos también tendrán una estética 70-80s, una época distinta donde los movimientos emergían en respuesta a las injusticias a pesar de la represión, mientras que en nuestras tomas primero es la movilización, luego identificar las injusticias, y luego luchar contra las autoridades universitarias que nos reprimirán por habernos tomado la facultad.

– Recuerden que los profesores no pueden dar clases durante la toma. Acá se requieren consideraciones especiales, ya que antes de la pandemia solo bastaba con la toma para impedir las clases. Con el confinamiento se demostró que es posible realizar clases online, y esto es una tremenda amenaza: si las clases continúan, la toma pierde sentido. Por lo tanto, mientras no se nos ocurran cosas como cortar la conexión a internet de las casas de tod_s nuestros profesores para que no puedan hacer clases (una «toma» de fibra óptica), la única alternativa es no conectarse a las sesiones de clases online y hacer como si internet no existiera. Esto refuerza el carácter regresivo-atemporal de la toma.

– La universidad intentará presionar para que de todas maneras sigan las clases online, pero los profesores evitarán hacerlas para que no se les acuse de “cuestionar el movimiento” y así evitar posibles funas. Además, saben que si lo hacen arriesgan una mala evaluación docente, así que por lo general lo único que escucharemos de los profesores durante la toma es su silencio.

– Al principio habrá un petitorio de temas convocantes genéricos, lo cual no es difícil de armar viviendo en una de las sociedades más desiguales del mundo. Esto es inspirador y alcanza para legitimar la toma (al menos entre nosotros mismos), pero en los foros y debates nos iremos dando cuenta de que nuestras demandas no parecen ser convocantes más allá de las fronteras del campus, y que la capacidad de presión política para temas-país tiende a cero. Por eso, y antes de percatarnos de que el país sigue funcionando a pesar de la toma, en un segundo momento el petitorio irá creciendo en la dirección de causas más locales y aterrizadas, como permiso para hacer feria de las pulgas dentro del campus, poder pintar murales donde queramos, y más resmas de hojas para sacar fotocopias. En algunos casos, las demandas transitarán a alguna denuncia de maltrato o de corrupción dentro de la facultad y exigirán la salida de alguien como principal bandera de lucha, y como  condición para bajar la toma. Si bien esto desplazará las urgentes demandas originales, servirá para extender la toma.

– Es importante que se familiaricen con el concepto de triestamentalidad, que surgirá inevitablemente en el transcurso de la toma. La triestamentalidad se refiere a tomar decisiones que representen a toda la comunidad (estudiantes, funcionarios y académicos) de manera democrática y transparente. Se defenderá la triestamentalidad como un valor intransable (a pesar de que dos de los tres estamentos no son partícipes de la toma). Al principio, tienen que exigir vehementemente que funcionarios y estudiantes participen en la toma de decisiones del consejo de facultad. Cuando se les informe que eso ya ocurre desde hace años, no se conformarán y  lucharán  por causas funcionarias, dado que funcionarios = pueblo y  académicos = privilegiados. Desde este momento, los académicos (principalmente aquellos en cargos directivos) serán sus enemigos y se pasará a un régimen biestamental (estudiantes y funcionarios), que luchará por atender las necesidades de los funcionarios bajo la consigna de la precarización. Seguramente alguien malintencionado buscará tildarles de paternalistas y cuestionará sus buenas intenciones de luchar por causas ajenas que, en realidad, conocen poco. Si esto genera demasiada tensión en el movimiento, se abandonará esta causa y la toma se declarará simplemente como uniestamental (solo estudiantes).

– A medida que avanza la toma, el desgaste y la escasa legitimidad se podrían comenzar a notar. La tercera semana es crítica, porque se acaba el semestre, ya quedan como 5 personas que mantienen “viva” la toma, han ocurrido destrozos, a veces robos, y la presión por bajarla se hace insostenible. Así se llega al tercer momento clave de la toma: las condiciones para bajarla. En esta fase, la discusión ya no es sobre demandas sociales ni locales, sino sobre reducir las exigencias académicas, eliminar las evaluaciones, aumentar las semanas de pausa y realizar una marcha blanca. Los problemas de salud mental de los estudiantes, cuya causa fundamental es la extrema sobrecarga académica (a pesar de que en la mayoría de los cursos no reprueba nadie), serán el argumento principal para reducir la exigencia y la calidad de su propia formación.  Esto es clave porque muchas veces el mayor (o único) logro de la toma es flexibilizar las condiciones de retorno de la propia toma.

– En este tercer momento de negociación, las autoridades universitarias intentarán presionar mediante la desmoralización: no les crean. Les dirán que la falta de clases y estructura perjudica principalmente a estudiantes con problemas de salud mental, que si se extiende el calendario académico se aumenta el costo de vida para estudiantes que vienen de regiones, que el personal de la facultad (sobre todo mujeres) se sobrecargan en labores de cuidado al tener que permanecer en sus casas. Les dirán que la toma afecta principalmente a estudiantes con menos recursos, quienes requieren mayor apoyo y oportunidades de aprendizaje, y que, por lo tanto, incrementa las desigualdades sociales. Otros les dirán que la repetición anual de este ritual perjudica a nuestra universidad y la imagen de la educación pública, y que desincentiva el ingreso de muy buenos postulantes que se ven forzados a optar por universidades privadas para evitarse las tomas. También les podrán mencionar que los estudiantes de postgrado no votaron la toma y, por lo tanto, se les está afectando su derecho a la educación. Algunos incluso se atreverán a decirles que el uso repetido e “injustificado” de esta estrategia no democrática desprestigia  las movilizaciones de izquierda, lo que, sumado a una desvalorización general de la política, podría llevar a que el país termine con un gobierno de extrema derecha. Pero recuerden: no les crean.

– Y así llega el cuarto y último momento de este rito: las autoridades (desgastadas) ceden, se disminuye la exigencia académica (dado que el semestre está a punto de terminar), y se baja la toma. A pesar de este tremendo triunfo, por alguna razón extraña, reinará una gran sensación de malestar y frustración, así que les anticipamos algunas cosas para que puedan prepararse. La limpieza e inventario duran un par de días; la lista de destrozos crece, pero no se comenta para no hacer más difícil este momento. Muchas veces se produce una polarización y un quiebre entre los participantes de la toma, entre quienes estuvieron dispuestos a negociar y quienes piensan que, de haber mantenido la toma, se habrían logrado «más cosas». Aparecen bandos, diferencias, peleas. Algunos dirigentes tienen que dejar sus cargos y el movimiento se desarticula, echando por tierra el objetivo inicial de la toma: la articulación. Los profesores también se dividen entre quienes piensan que toda manifestación social es pura, noble e incuestionable, y quienes, por atreverse a esbozar algún reparo, son acusados de fachos y de «criminalizar el movimiento». Muchos profesores y profesoras vuelven molestos porque deben dar clases a las mismas personas que les impidieron acceder a su lugar de trabajo durante semanas, lo que perjudicó profundamente el avance de sus actividades académicas. Las pocas clases que quedan se dedican a reorganizar o, directamente, eliminar objetivos y contenidos de aprendizaje, y a hablar de las «enseñanzas» que nos deja la toma. Algunos profesores y profesoras intentarán hacerlos sentir culpables del caos pos-toma, sin darse cuenta de que quienes participaron en la toma, por lo general, no estarán en la sala de clases.

Pero, estimad_s estudiantes, a pesar de todas las “externalidades negativas” de las que intentarán hacerlos responsables, no se preocupen: todos saben que esto pasa todos los años y que las tomas finalmente tienen una vida independiente de quienes creen ser sus protagonistas. Por ello, no es necesario buscar formas de manifestación más creativas, convocantes ni eficientes, ya que esto podría volverlos realmente protagónicos y responsables. Y la gracia fundamental de la toma es que, a diferencia de lo que sucede en la vida adulta (donde las decisiones tienen un costo), ustedes no tendrán que pagar ningún costo ni sentirse responsables de haber alterado y perjudicado las vidas de los cientos de personas que estudian y trabajan en nuestra facultad, ni de la disminución de la calidad académica de su formación, ni tampoco del desprestigio de nuestra universidad y de la educación pública. Los costos los pagarán los demás; ustedes se sentirán aliviados de no haber roto esta tradición; se irán y compartirán anécdotas de su gesta épica juvenil con nostalgia y orgullo cuando ya estén en la vida adulta. Y al final, la responsabilidad recaerá principalmente en los demás miembros de la comunidad, en las máximas autoridades universitarias que históricamente miran hacia el lado, y también en testigos que encogen los hombros y son incapaces de manifestar críticas de manera pública a las tomas por miedo a la funa, resignados de manera pusilánime a pagar los costos de este ritual. ¡Larga vida a las tomas!

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