El presidente Gabriel Boric anunció que en septiembre enviará al Congreso un proyecto para reemplazar al Crédito con Aval del Estado (CAE), una política que, según dijo, “cumplió un rol en el acceso a la educación superior, pero adolecía de graves falencias”. En esta entrevista, el académico e investigador en financiarización Felipe González López resume esas graves fallas: fue una política tan mal diseñada “que frustró las expectativas de movilidad social” de una generación y sus familias.
Felipe González es doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Max Planck y director del Instituto de Investigación y Doctorado de la Universidad Central. Ha estudiado como el endeudamiento moldea la vida de los chilenos y en particular, cómo el crédito ha sido usado por los gobiernos como una forma de hacer políticas públicas y de posponer conflictos sociales. En esencia lo que propone González es que en un país desigual como Chile, donde los salarios son bajos, el endeudamiento ha sido fomentado por los gobiernos como forma de integrar al desarrollo a sectores medios y medios bajos. Con eso, el conflicto social se ha pospuesto, al menos hasta el momento en que toca pagar el crédito.
Esta perspectiva nos recuerda que, aunque muchos actores políticos insisten en presentar el CAE como un asunto individual, fue una política intensamente promovida por el gobierno de Ricardo Lagos para solucionar la demanda de las familias que aspiraban a que sus hijos e hijas pudieran acceder a la educación superior. Es decir, el CAE fue el camino que Lagos les ofreció para cumplir con su demanda de movilidad social.
Durante la época “buena” del CAE – los años en que el crédito permitió estudiar a miles de jóvenes – Lagos profitó políticamente de esta iniciativa repitiendo que 7 de cada 10 estudiantes en la universidad eran la primera generación en entrar a la educación superior gracias a esa política. En 2011, cuando gobernaba Sebastián Piñera, el CAE estalló en forma tan contundente, que generó un cambio del ciclo político con las marchas de los universitarios. La contundencia de ese estallido se vincula con la frustración en la expectativa de movilidad para una parte importante de los estudiantes.
Una falla del CAE que se ha difundido bastante en estos días en que se discute un perdonazo a sus deudores, se refiere a las elevadas tasas de interés cobraron los bancos. Se recuerdan menos, sin embargo, otros problemas que apuntan a su mal diseño político: el sistema de acreditación universitario que permitió el uso del CAE para financiar instituciones de pésima calidad, que terminaron cerrando; y que permitió, también, que las universidades se transaran y que los recursos públicos que entraban a ellas se transformaran en ganancias para los dueños, aunque la ley prohibía el lucro en la educación superior. Hoy, cuando toca pagar la cuenta del CAE – se calcula en 11 mil millones de dólares el costo de un perdonazo- se olvida que quienes gozaron de esta fiesta de dinero público fueron, en buena parte, los bancos y los dueños de las universidades.
En esta conversación de Terceradosis con Felipe González se detallan estos aspectos del CAE y se examinan algunas características de cómo el endeudamiento ha sido central en la política pública durante las últimas tres décadas.
“Cuando las familias recibían la noticia de que el hijo o la hija había sido elegido para recibir el CAE, celebraban. La gente salía a comer, era un motivo de fiesta y eso muestra la tremenda expectativa que generaba. Era una expectativa de movilidad social que el propio CAE erosionó por haber expandido de manera tan grosera y desregulada la educación superior. Fue diseñado de tal manera que frustró esas expectativas.”
Un clip de la conversación con Felipe González.



Felipe González López