¿Cómo la izquierda puede seducir electoralmente al “pueblo” si este quiere zapatillas Nike y bañarse en un jacuzzi? Matías Toledo, fundador de la Coordinadora Social Shishigang propone “militar la contradicción” y trabajar “no con los sujetos políticamente correctos sino con la diversidad de sujetos que realmente existe.”
Hay que escuchar a los vecinos, quién podría cuestionar eso. Pero un día sí y otro también, las personas dicen brutalidades y ponen en tensión a su comunidad. Imagine, por ejemplo, que un vecindario tiene dificultades para conseguir alimentos, como ocurrió en la pandemia. La gente se organiza, “se mueven” aquí y allá y se arma una olla común. Y mientras están en eso alguien, que hace rato acumula cierta inquina, le dice a otro, haciendo un gesto de molestia hacia una mujer colombiana o a un joven venezolano que barre el suelo:
-Aquí deberíamos comer los chilenos no más.
Y el que escucha esa “idea” le encuentra razón, porque también tiene sus propias incertidumbres y conflictos. Y entonces, en medio del cocimiento, se arma el debate sobre quién come y quién no.
Se puede teorizar mucho sobre por qué aparecen esas fracturas; discutir, por ejemplo, cómo la precarización de los sectores populares alienta la pelea entre el penúltimo y el último, en vez de que ambos cuestionen los privilegios que tiene el primero de la fila. Pero no hay manuales claros para saber qué hacer una vez que se ha propuesto la exclusión de algunos, una vez que la fractura latente se ha vuelto discurso. Cómo se consigue que la conversación de la comunidad fluya de tal manera que ésta no se quiebre. Más abajo Matías Toledo (34) cuenta cómo se resolvió esa situación, cuando la pregunta sobre quien tiene derecho a comer emergió en una olla común que ayudó a organizar en Puente Alto, durante la pandemia.
Matías Toledo es candidato a alcalde por Puente Alto. Hace unos meses La Segunda lo puso en portada por ser el independiente que más firmas logró en Chile para poder competir en la elección. Lo que lo hace más conocido en su comuna y en las redes sociales, sin embargo, no es eso, sino el ser uno de los fundadores de la Coordinadora Social Shishigang, una organización que realiza ayuda social a partir de eventos artísticos.
Ya antes de la Coordinadora, Toledo había hecho un constante trabajo social. Pero la fama llega cuando llega; y la Coordinadora surgió a punta de coincidencias que fueron juntando a gente que tenía los mismos intereses. Pasó que un día Toledo fue al local de Ignacio Araneda, el “Barbero Exótico”, que estaba frente a su casa. El barbero le contó que cortaba el pelo a personas en situación de calle y Toledo le compartió de vuelta sobre el trabajo que hacía en “Rayito de sol”, una ONG enfocada en ayudar a niños y niñas en riesgo social.
-Ahí lo empecé a llevar al Centro Abierto, a los campamentos, a las juntas de vecinos- recuerda el candidato.
El Barbero incorporó a esta iniciativa a su amigo, el cantante urbano Pablo Chill-E. Y con esa mezcla de estética, solidaridad y música urbana la Coordinadora se expandió en la zona sur de Santiago y en las redes sociales con un mensaje cultural fuertemente político que se resume en el slogan: “sólo el pueblo ayuda al pueblo”. Un halo de orgullo popular y autonomía rodea todo el trabajo de la Coordinadora y está presente también en la actividad política de Toledo.
“En Puente Alto no tenemos suficientes policías para combatir el delito pero sí los hay para reprimir”
Educado en una familia religiosa, Toledo llegó a Puente Alto en la edad escolar. Allí lo sorprendió la revolución pingüina de 2006 y fue vocero de su colegio. En su vida laboral destaca haber trabajado en la feria cargando camiones, también en la minería como jornalero y soldador en termofusión; y como informático para la asociación de municipalidades, entre otros empleos que dibujan la azarosa ruta laboral propia de los sectores populares, listos para hacer lo que sea necesario. En un video filmado hace unos años en el potrero de la Villa Primavera, “mi lugar favorito” como lo llama, Toledo hace un buen resumen de su vida laboral y de cómo ve la política (ver video “¿Quién soy?” en su perfil de Instagram).
El orgullo que siente por el mundo popular no implica, sin embargo, idealizarlo o simplificarlo. La propuesta política de Toledo se identifica con “la clase trabajadora” pero entiende que dentro de esa etiqueta hay una enorme diversidad cruzada por ideas y ambiciones que resultan contradictorias. La izquierda más ideologizada, más “roja y negra” como la llama él, no entiende ese mundo: siente escozor frente a un joven que quiere unas zapatillas Nike o a una pareja de pobladores que sueña con meterse en un jacuzzi; también reacciona mal frente a los mensajes y la estética de la música urbana. Toledo, en cambio, cree que hay que “militar las contradicciones”, lo que implica, entre otras cosas, entender que la diversidad no transforma a las personas en adversarios.
MÁS POLICÍAS EN VITACURA
Este es el segundo intento de Toledo por llegar a la jefatura del municipio de Puente Alto. En la elección pasada no le fue mal. Apoyado por el partido Igualdad, quedó en segundo lugar con 34% de los votos.
–Sabíamos que no íbamos a ganarle a Germán Codina, que había sido vocero nacional de la campaña del rechazo y en ese tiempo era presidente de la asociación de municipalidades y el político mejor evaluado por la CADEM- dijo Toledo a TerceraDosis.
De acuerdo con el análisis de Toledo, la ventaja de Codina no era el apoyo mayoritario de la población, sino el control de ciertos “bolsones de votos”. Esto es, grupos de leales que se movilizan por intereses específicos y que en un contexto de voto voluntario logran imponerse cuando la mayoría no acude a las urnas por apatía o desconfianza. El voto voluntario, sugiere Toledo, ha tenido el efecto nocivo de permitir a los diferentes partidos interesarse sólo por algunos grupos de la comuna.
-La derecha no ha necesitado trabajar con todo Puente Alto, sino que con algunos rangos etarios o con ciertos sectores que son los que van a votar. Por eso hay alcaldes en muchas partes que ganan y al día siguiente tienen grandes protestas afuera del municipio. En el caso de Codina, la prensa dijo que había arrasado (sacó el 50%) pero la verdad obtuvo el 28% del padrón. Y el resultado fue que la mayoría de los puentealtinos quedó sin apoyo en sus territorios, sin proyectos o grandes transformaciones en sus comunidades y barrios.
Otro aspecto en que la derecha tuvo y sigue teniendo ventaja es en la presencia en los medios. Los vecinos de Puente Alto, dice Toledo, se informan por la TV y ahí “tenemos un cerco comunicacional muy grande”. Su estrategia ha sido hacerse fuerte en los movimientos sociales y su éxito reuniendo firmas muestra que eso está funcionando. Al votante de Puente Alto parece hacerle sentido esta candidatura extrainstitucional, que emerge de los barrios. Tal vez una explicación para eso sea lo que destaca Toledo: que muchos vecinos y vecinas se sienten excluidos por el Estado y el resto de la ciudad. Esto lo perciben, por ejemplo, “cuando dices que eres de Puente Alto al postular a un trabajo, te miran con desconfianza”, explica Toledo. Pero también se nota en la falta de servicios públicos. “Vivimos en un sector que es súper marginal dentro de las unidades descentralizadas del Estado. No solamente hay abandono por parte del municipio, sino también por parte de Carabineros, el ministerio de Salud o el ministerio de Deportes. Hoy la comuna más populosa de Chile no tiene derecho a la ciudad. Varias villas carecen de jardines Junji, servicios de impuestos internos y transporte público. Los trabajadores de seguridad no tienen chalecos o cascos antibalas, tampoco un casino donde comer, ni armas para defenderse y quizás no han sido capacitados para resolver conflictos entre vecinos y vecinas. La ausencia del Estado es un problema que se expresa de múltiples maneras.”
Tal vez el ejemplo más fuerte de esta mezcla de desconfianza estatal y abandono se aprecia en la cantidad de carabineros y el rol que juegan.
-Hoy se ve una crisis de inseguridad tremenda. Nos tiene bien golpeada la delincuencia y el tráfico de drogas y faltan carabineros. Según La Tercera, en 2019-2020 había 771 carabineros en Puente Alto, lo que equivale a uno cada 800 habitantes, mientras que en Vitacura hay uno cada 500. Pero aunque no tenemos suficientes policías para combatir el delito, sí los hay para reprimir. Hace unos meses unos vecinos en Bahía de la Costa Azul se manifestaron por el aumento de la delincuencia y llegó un zorrillo, un guanaco, dos piquetes y alrededor de dos o tres vehículos policiales. En la misma mañana, en ese sector intentaron raptar a una niña. Parece necesaria una redistribución de las fuerzas policiales.
Apelando a esas experiencias de abandono público, la campaña de Toledo se ha organizado en torno a la identidad de la comuna, apelando al orgullo de ser de Puente Alto y promoviendo la idea de que “podemos autogobernarnos”.
MILITAR LA CONTRADICCION
Toledo tiene importantes cuestionamientos a las diversas corrientes de izquierda con las que comparte y disputa el voto popular. Al Frente Amplio, -a cuyo gobierno ofrece un “respaldo con críticas”-, le cuestiona la tendencia a hacer política desde las cúpulas partidarias y no desde las bases.
-En la izquierda que gobierna no vemos mucha voluntad de co-construcción con los sectores movilizados y organizados del territorio. Se sigue construyendo desde las cúpulas. Nosotros, en cambio, creemos que hay que estar en los territorios, que tenemos que estar con los pies en la tierra, que hay que hacer que nuestros vecinos y vecinas discutan. Nosotros somos y nos identificamos con la clase trabajadora, con los ciudadanos de trabajo, pero hoy es muy complejo posicionarnos dentro de un espectro político que sigue ensimismado. Hay una izquierda que no tiene pueblo, que no tiene espalda.
Esa “izquierda ensimismada”, dice Toledo, habría dejado de representar a grupos que eran parte de su esencia “como el movimiento popular, el movimiento de clase, el movimiento trabajador, el movimiento campesino: hoy vemos con mucha pena que esos sectores no están representados.”
-Otro de los problemas que tiene la izquierda, especialmente la roja y negra o ultra, es su moralina, el uso permanente de un “izquierdómetro” para saber quién es más de izquierda. Y en base a eso se critica mucho a los vecinos y vecinas: si tienen iPhone o si andan con zapatillas Nike, entonces son capitalistas. Algunos segmentos superaron esa discusión, pero se han topado con otras cosas que hacen saltar su izquierdómetro. Si tienes una empresa o si trabajas con el sector privado estás a favor de la patronal y así sucesivamente. Hay un idealismo ético que ha frenado la acción política.
Toledo propone superar esa mirada paralizante asumiendo las contradicciones de las personas reales.
“Nuestros vecinos y vecinas son sujetos de contradicciones. A algunos les puede gustar Alejandro Sanz o Marco Antonio Solís y también criticar el amor romántico. Se puede cuestionar al capitalismo, pero te puede gustar el género urbano o algunos lujos. Por ejemplo, para muchos un jacuzzi puede ser un gusto de clase alta, pero a no pocos de nuestros vecinos y vecinas les gustaría estar en uno, y si tienen la oportunidad, lo van a hacer. Son cosas que ya están instaladas en su ADN. Por este tipo de cosas acuñamos el concepto de militar las contradicciones. Porque al caminar en los territorios, nos damos cuenta de que nuestros vecinos y vecinas son sujetos de contradicciones y no por eso van a ser nuestros adversarios políticos. Somos personas con ambigüedades, no solamente por las necesidades educacionales, sino también por las carencias materiales o la falta de discusión política.”
“La izquierda tradicional tiene muchas barreras para acercarse a este nuevo o reinventado sujeto popular y no han podido trabajar efectivamente con quienes lo componen, porque carecen de una lectura cabal de quiénes son. Nosotros conocemos a gente de las barras bravas, a los piños de cabros y cabras que se juntan en las plazas. Nos hemos organizado con emprendedores y emprendedoras. Muchos de los cabros y cabras tienen su negocio. Algunos son profesionales, ingenieros, doctores y otros no. En nuestros barrios, hay gente que consume drogas, hay gente que es profesional, hay gente que es delincuente y mucha gente de esfuerzo. Mayoritariamente, hay gente de esfuerzo. Pero todos están en nuestro territorio. Hemos vivido en el barrio y sabemos que algunos surgen mientras otros no lo logran. Y si queremos cambiar ciertas realidades o conductas, tenemos que trabajar con todos. Entendemos cuáles son las diferencias, y contradicciones porque no trabajamos con los sujetos políticamente correctos sino con la diversidad de sujetos que realmente existe. A eso le llamo militar la contradicción: a estar y construir con la diversidad de vecinos y vecinas”.
“Por eso hoy podemos trabajar con quienes son progresistas y de izquierda, pero también podemos conversar con quienes no están ni ahí con los partidos políticos y la política nacional. Eso nos hace “el bicho raro de la izquierda” y nos han criticado mucho por trabajar con las barras bravas, con el género urbano, porque convocamos a Iván Martínez o con María Luisa Godoy. Pero creo que ese es el camino: trabajar con las masas.
—La música urbana recibe muchas críticas incluso desde la izquierda. ¿Cómo te relacionas con ese movimiento, qué rol político tiene para ti esa música?
-Esa es una discusión que tuvimos cuando perdimos en el plebiscito del apruebo. Buena parte del mundo de la cultura estuvo con el apruebo: se la jugaron Pedro Ruminot, Felipe Avello, Illapu, Santa Feria, los actores y las actrices, etcétera. Y, sin embargo, se perdió. Es cierto que existió desinformación y que muchos municipios desplegaron una maquinaria para que ganara el rechazo, pero creo que ese resultado debe llevarnos a reflexionar porque muchas veces la cultura que creemos que es predominante, no lo es. Por eso, hay que hacer análisis y replantearnos si el trabajo que estamos haciendo efectivamente es para las masas populares en su conjunto o solamente para los sectores a los cuales siempre les hemos hablado.
“Personalmente creo que lo que necesitamos es llegar al segmento de la población que no tiene una conciencia política determinada. Siempre recuerdo que también para la campaña del apruebo hicimos acá una actividad súper grande en la que se presentaron alrededor de 30 o 40 artistas del género urbano, como Franco el Gorila o Young Cister. Ese día granizó, llovió, y sin embargo había 6.000 o 7.000 personas en una multicancha techada con un lienzo que decía “los flaites aprueban”. Porque nosotros entendemos que nuestro trabajo político tiene que llegar a personas a las que los partidos políticos muchas veces no llegan por el moralismo o los resquemores.
— A la “música urbana” se le suele criticar por sus mensajes ¿Cómo ves lo que propone y cómo lo abordan desde la Shishigang?
-En la música urbana veo la diversidad. Encuentro positivo que los pobladores estén sonando y que puedan escucharse entre sus pares contando lo que viven. Entiendo que mucho de lo que hacen los artistas está impregnado por el sistema cultural consumista-capitalista, y hablan de joyas, dinero y ese tipo de cosas. Pero también entiendo que es una realidad que existe en nuestros territorios, que si no la cantaran, seguiría existiendo. Hace poco hubo una propuesta de ley que buscaba eliminar el reggaetón y el Trap de los colegios… como si no se escuchara en cada esquina de cada barrio.
“Lo cierto es que hay un prejuicio con esta música que no viene de la derecha. Yo escucho a gente cercana decir: Marcianeke tiene la culpa de que los cabros consuman tussi o Jordan 23 es responsable de los portonazos, como si todo eso no estuviera normalizado en nuestros barrios hace tiempo. Creo que en la música urbana hay gente que relata lo que sucede. Ahora claramente están las puertas abiertas para ir posicionando otros contenidos y desde la Coordinadora creemos que ese es un aporte que podemos hacer. Por ejemplo, en la elección presidencial pasada la Coordinadora se posicionó políticamente, porque no queríamos que saliera Kast”.
“Ahora, cuando nos juntamos con los artistas, es complejo decirles: “hay que hacer esto”. Muchos nos dicen: “es que no estoy ni ahí con estos weones”, con la política. Pero nosotros tratamos de conversar con todos y darle el sentido al trabajo, tratamos de que se “devuelva la mano a la calle”, al barrio. Por ejemplo, hemos hecho actividades con Marcianeke en Sename y ha sido súper potente. Creo que se necesita más gente que quiera contribuir en estos espacios para darle otro contenido. Lamentablemente la izquierda se para en la vereda de enfrente y critica, pero no es un aporte, no va donde los cabros a decirles, “hermano, podríamos hacer esto”.
—Entonces ves en la juventud un espacio importante con quienes trabajar.
Sí, pero igual hay una cierta ambigüedad. Si bien nuestro trabajo mediático está dirigido hacia la juventud, el territorial está fuertemente enfocado en los adultos. Porque si bien los jóvenes se organizan en agrupaciones deportivas, culturales o folclóricas, son los adultos lo que mueven las juntas de vecinos y los comités de allegados. Por eso nos interesa llegar a ellos.
“La cuestión es que la juventud está más informada gracias a su uso de las redes sociales y puede investigar si efectivamente una noticia es verdadera o falsa. La gente adulta mayor se informa por televisión y con el instrumento municipal, luego llega a su casa para decirle a la vecina: “esto está pasando”. Muchas veces nuestros vecinos y vecinas terminan replicando la información de los medios hegemónicos sin debatirlos. Por eso creemos que es importante crear espacios de encuentro para intercambiar opiniones, decir “oye, sabes que yo pienso esto” y a lo mejor otro va a decir “sabes que yo pienso lo mismo. Por ejemplo, durante la pandemia, con Mary Anne Müller de la Fundación Origen y la Coordinadora Social Shishigang, levantamos 16 ollas comunes. En la primera reunión, dejamos la discusión abierta para que los vecinos y vecinas plantearan sus problemáticas, y el primer punto de discusión fue si a los extranjeros había que darles comida o no. Al principio nos pareció aberrante, pero dijimos: “ya no importa, que discutan no más”. Estuvieron conversando alrededor de 15 a 20 minutos y resolvieron que a los extranjeros sí había que darles comida, ya que eran sus vecinos y algunos también participaban en las ollas: “oye, la Luz es colombiana y trabaja aquí en la olla común”…. Esto lo entendemos como resultado de la creación de un espacio de reflexión colectiva entre vecinos, espacio que no existe y que muchas veces no se establecen las condiciones materiales para que se creen. Son espacios importantes para que los ciudadanos puedan ser protagonistas de sus propias decisiones.”



Sebastián Muñoz-Tapia
Nicolás Angelcos
Juan Andrés Guzmán (Editor)
Que refrescante, la izquierda chilena no responde en favor de este desunido pueblo
Este trabajo sociologico y periodístico es muy interesante gracias 🙂. Una semana después de la elección local. Solo eliminar por el buen trabajo hecho.
o sea, hacer asistencialismo. No hay ninguna novedad.
La izquierda está en una pobreza ideológica total.