Ilustración de Leo Camus

El lugar donde las encuestas pierden la seriedad

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Un ex supervisor de CADEM denuncia irregularidades en la forma en que trabaja la empresa que este fin de semana anunció que Kast estaba liderando la carrera presidencial y que está a cargo del trabajo de campo de la prestigiosa encuesta del CEP. Dice que los encuestadores masiva y recurrentemente inventan las respuestas o no entrevistan a las personas adecuadas para cumplir con los requisitos de los estudios, pues la precariedad de su vínculo laboral los empuja a saltarse o falsear pasos. Acusa falta de supervigilancia, y una serie de comportamientos corporativos que agudizan el problema. Encuestadoras y coordinadoras de terreno, entrevistadas por TerceraDosis, corroboran las malas prácticas. La empresa dice que son casos marginales y que la supervisión sí es estricta. El problema, en todo caso, no sólo es de CADEM. Una encuestadora relata cómo y por qué alteraba los datos que recolectaba para la CASEN, encuesta que alimenta el diseño de la política social en Chile.


En agosto de 2016, el coordinador del área de Opinión Pública, Ricardo González, explicó a la periodista de Cooperativa Paula Molina, por qué Optimus Prime había sido mencionado como un candidato a la Presidencia de Chile, en la encuesta CEP. Entre risotadas, le dijo que era solo un dato anecdótico y que se estaba sobre interpretando por las redes sociales, que convirtieron al personaje de los Transformers en Trending Topic. El héroe animado apareció como uno más en la categoría “Otros”, frente a la pregunta: “¿Quién le gustaría que fuera elegido Presidente?”.

Un año más tarde, el mismo González tuvo que salir a explicar, con menos entusiasmo, por qué falló la CEP al sobreestimar la fortaleza de Sebastián Piñera y subestimar de modo aún más brutal las preferencias por Beatriz Sánchez, quien, por poco, casi consigue pasar a segunda vuelta. Los especialistas empezaron a aceptar que algo podía estar fallando en las encuestas en Chile, incluso en la CEP. La ficha técnica que exhibe el Centro de Estudios Públicos destaca consistentemente que sus estudios se hacen en forma “estratificada” por región y por zona (urbana o rural), que el número de encuestas válidas y presenciales siempre supera los 1.400 casos, y que el método de selección es “aleatorio y probabilístico en cada una de sus tres etapas: manzana-hogar-entrevistado”.

Estratificada, significa que el número de encuestas rurales y urbanas en cada región debe ser proporcional a la población de ese tipo que hay en cada región. Que sea probabilístico se refiere a que cualquier sujeto de la población objetivo (chilenos mayores de 18 años, en este caso) tienen la misma oportunidad de ser escogidos para responder las preguntas y “aleatorio”, en este caso, significa que las manzanas (UMP, en la jerga del rubro) se escogen al azar, lo mismo que la casa, que se selecciona con una fórmula que arroja un intervalo entre ellas, el llamado “salto sistemático”. Se supone que ese método le ordena al encuestador o encuestadora empadronar primero la manzana (es decir, anotar el número de viviendas habitadas en y cuántas personas viven en cada una, señalando datos como edad, sexo y grupo socioeconómico, GSE). La fórmula, que antes se hacía de modo manual y más recientemente ingresando los datos a una tablet, arroja el “punto de arranque”, es decir, en qué casa debe comenzar su trabajo, a qué persona específica debe entrevistar y luego, con qué hogar debe continuar. Habitualmente, se le piden unas 8 encuestas por manzana.



El CEP sostiene, además, que la metodología no admite “reemplazos”. O sea, si una persona se niega a contestar, no se puede pedir que responda otra. Tampoco es posible reemplazar la manzana que determinó el sorteo previo al trabajo de terreno. Como hay un porcentaje de rechazo (gente que se niega a contestar), la encuesta considera una sobremuestra, para que el resultado se acerque al número deseado y se mantenga la validez de las proyecciones.

Si el método se aplica de manera estricta, el estudio se considera “representativo” de lo que piensa en Chile toda la población mayor de 18 años, al momento de aplicarse el cuestionario. Es decir, su fortaleza depende en gran medida de que los datos no estén viciados por otra manera de recogerlos.

Este método es el que ha dado a la encuesta CEP, históricamente, su lugar de preeminencia sobre otros sondeos, como los telefónicos, los hechos por internet (que responden solo los interesados en hacerlo), los que tienen muestras pequeñas o criterios de selección más flexibles. Actualmente “Plaza Pública-Cadem” se hace con encuestas a teléfonos celulares que han sido criticadas por los especialistas, aunque esta empresa sostiene que su método es fiable, pues permite llegar a sectores subrepresentados en la encuesta CEP, como el ABC1.

No obstante la diferencia de prestigio entre ambas entidades, pocos notan que el trabajo de campo de la CEP lo hace la misma Cadem. Cuando comenzó la CEP, en 1990, el trabajo de campo tenía un perfil más “académico”, por la alianza entre ICCOM y el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile. Pero en 2013, Cadem, tras comprar ICCOM, heredó la CEP y sumó los sondeos políticos a su cartera de clientes, entonces orientada más a las degustaciones y encuestas de mercado. El Centro de Microdatos, primero, y Datavoz, luego, han sido los encargados de la fase de diseño y supervisión del trabajo en terreno que ha estado desde entonces a cargo de la empresa que hoy dirige Roberto Izikson.

LA HEREJE NECESIDAD

Sandra Cabello comenzó a hacer encuestas cuando se divorció y quedó a cargo de un hijo al que tenía que alimentar y vestir. Conoció a un sociólogo en el jardín al que llevaba a su hijo y así se enteró de este oficio en el que, en ese tiempo, le pagaba entre 300 y 500 pesos por preguntarle a las personas cuál era el jabón de su preferencia o si comería un nuevo tipo de chocolate. Luego comenzó a trabajar en sondeos más complejos, como la Encuesta Laboral, Encla, que realiza la Dirección del Trabajo, con apoyo del Instituto Nacional de Estadísticas, y estudios sobre la calidad del agua, dirigidos por la Universidad de Chile.


“En otros países, las empresas que hacen encuestas tienen que someterse a auditorías externas, independientes. En Chile, se supervisan entre ellas mismas. Juegan a las sillitas musicales”.

Marcelo Alarcón, ex supervisor de Cadem

“Esas son encuestas difíciles y rigurosas. Por lo mismo, los encuestadores les hacemos el quite, porque lo que pagan no compensa el tiempo que hay que dedicarles”, dice. Fuera del INE, donde los encuestadores tienen contrato laboral, las empresas dedicadas a los estudios sociales se comportan más o menos igual: reciben contratos millonarios con el Estado o grupos empresariales para analizar a la sociedad y sus estados de ánimo, sus preferencias políticas y sus hábitos de consumo, y luego contratan, a honorarios, a legiones de trabajadores, fundamentalmente mujeres, dispuestas a aplanar calles para recibir como recompensa, en la actualidad, entre 4.000 y 7.000 pesos brutos, por encuesta, sin colación, sin baño, sin previsión, ni cotizaciones de salud.

Sandra trabajó veinte años, haciéndose un salario exclusivamente como encuestadora y transitaba entre distintas empresas. “Te explican que tienes que empadronar la manzana que te toca y aplicar el salto sistemático para seleccionar las casas que debes visitar. Y dentro de esa casa, el método también te señala a quién tienes que entrevistar. En teoría, no puedes reemplazar la casa, ni el sujeto que te salió. Y si no está, debieras volver hasta que lo encuentres. Pero si no sacas las encuestas en el plazo que te dan, no te pagan, ni te dan más encuestas, porque los coordinadores de terreno te presionan para sacar el trabajo en el tiempo que hay que entregar los resultados”, relata.



Sandra cuenta que, en lo que a ella respecta, por lo menos se esforzaba en hacer las encuestas y, en ocasiones, se quedaba en la calle hasta las 10 de la noche tratando de cumplir su meta. “Yo me levantaba temprano y no volvía a la casa hasta terminar mi cuota, pero si en una casa no me respondían o no estaba la persona señalada, yo acomodaba el sistema para interrogar a la persona que sí estuviera o me cambiaba de manzana. Si lo hubiera hecho como dice el papel, hubiera tenido que ir varias veces: una a empadronar, otra, a entrevistar si la persona no estaba, volver de nuevo. ¡Se me hubiera ido la plata en micro!, porque no te pagan más si tienes que volver”.

“No hice la CEP porque Cadem es la empresa que peor paga, pero sí hice la Casen, que hace la Universidad Católica (en este caso Cadem es la empresa supervisora)”, cuenta Sandra. La encuesta Casen tiene un rol central en las políticas públicas, pues es el instrumento principal de análisis para asignar recursos públicos.

En esta encuesta social, la instrucción es entrevistar a una persona previamente identificada con nombre y apellido. Por lo tanto, en ese caso, no podía alterar quién respondía, pero sí acelerar el proceso, haciendo un puñado de preguntas y completando el resto de preguntas a juicio del encuestador. “Es que son encuestas eternas y mucho de lo que se pide, tiene respuestas obvias. Uno se podía conseguir las preguntas que se iban a supervisar después (el fiscalizador llamaría a la persona para averiguar si le preguntaron determinada cosa) y se preocupaban de hacer esas, pero el resto las contestaban ellas”, relata.


“Los hombres te contestan una encuesta y te piden el número de teléfono. Cuando empecé, no se lo daba a nadie, pero un día uno de esos tipos dijo que yo no le había hecho ninguna encuesta cuando lo llamaron para supervisar y me la anularon. Ahí aprendí”

Karina (nombre ficticio), ex encuestadora de Cadem.

Y añade otra razón por la cual los datos de este estudio, en su opinión, son poco fiables La Casen no sirve, porque la gente miente”, afirma Sandra. “Los que viven en Villas y ganan un poquito más que el resto, se ponen siempre más. Nadie quiere reconocer que es pobre. La gente que necesita piensa que una es asistente social del municipio y que para que les toque, tienen que exagerar su pobreza. Y la gente de clase alta, no te abre la puerta. Las encuestas las terminan contestando las nanas, si tienes suerte”.

Sandra ya no hace encuestas y, por eso, dice, se siente libre para contar sus experiencias. “Las supervisiones también eran chantas en las empresas en que trabajé (las desaparecidas Guérnica Consultores y Demoscrópica, entre otras). Tuve jefes que me decían: dame tus mejores 20 encuestas para revisarlas. O a veces, cuando estábamos atrasados como equipo y, supongamos que teníamos un 70 por ciento de las encuestas que nos pedían, los propios jefes nos decían que sacáramos unas cuantas, y las copiáramos, hasta cumplir el 100 por ciento. A eso le llamaban el duplicado”.

EL MOLESTO SUPERVISOR

Marcelo Alarcón, ex supervisor en Cadem, lleva años reuniendo evidencia sobre las falencias en el trabajo en terreno. Se las envió a las jefaturas de la empresa y se las ha mostrado a dirigentes políticos y académicos con la esperanza de que alguien haga algo al respecto: que se regule a las empresas que hacen estudios de opinión pública, porque, aunque los estudios insisten en que las encuestas no afectan las preferencias electorales, sí moldean el debate e influyen en la creación de eso que llamamos “opinión pública”, al afirmar, por ejemplo, cuáles son los temas que más importan a la gente o lo que se opina sobre instituciones como la Convención Constitucional. Esas conclusiones se aceptan como verdaderas cuando se citan como fuente de información y análisis en los medios de comunicación.

“En otros países, las empresas que hacen encuestas tienen que someterse a auditorías externas, independientes. En Chile, se supervisan entre ellas mismas. Juegan a las sillitas musicales”, cuenta y ahí se amplía la brecha entre el relato metodológico y la realidad.

Marcelo trabajó 25 años haciendo encuestas. Los cuatro últimos, como supervisor. Su último trabajo en esta área para Cadem lo hizo en febrero de 2021. A él le correspondía analizar el trabajo de los encuestadores, que dependen de coordinadores de terreno.
“A mí me apasiona el tema de las encuestas y me tomaba mi trabajo muy en serio. Para mí era cosa de mirar los informes y las hojas con los empadronamientos para darme cuenta de las irregularidades. Entonces iba al lugar y constataba que el encuestador se había saltado el método. Con eso, no se puede garantizar que los resultados sean representativos. Pero me convertí en un problema. Mi jefa me decía que yo era el único que volvía de las supervisiones pidiendo anulación de encuestas”, afirma.

Alarcón exhibe correos que le envió a Karen Thal, gerente general de Cadem, y a otras jefaturas denunciando que en la Región Metropolitana y en Valparaíso, la metodología “jamás se ha realizado como corresponde” y que ha decidido no hacer más ese trabajo, pues considera que su labor “no se respeta”, pues son los supervisores de terreno quienes deciden qué encuestas validar. En ese correo, le menciona como ejemplo, un estudio sobre Cementerios que él fue a supervisar a Puerto Montt y anuló 39 encuestas, por empadronamientos erróneos y por atribuir categorías socioeconómicas equivocadas a los sujetos del estudio. No obstante, dice, se prefirió dar crédito a la opinión del jefe de terreno. (El caso es analizado en la respuesta de Cadem. Dice que 12 de las encuestas objetadas por Alarcón fueron anuladas y que otras 20 fueron reintegradas, pues hay una manera de apreciar el GSE visual, que Cadem valida).


“Descubrí a un grupo de encuestadores que se juntaba en una casa a contestar las encuestas cruzadas y se compraban chips para cambiar el número de teléfono. Cuando yo llamé a un supuesto entrevistado, reconocí la voz de un encuestador”.

Marcelo Alarcón ex supervisor de Cadem

“Ya perdí la cuenta de ver como jefes de terreno toman las últimas desiciones. Soy testigo de (que) muchos de mis informes CEP y de otros estudios supervisados en regiones y Santiago quedan en nada. No puede ser que los jefes de terreno sean juez y parte. Muchas veces escuché de jefes de terreno decir que mi trabajo estaba bien hecho, pero que ellos tomaban la última decisión. Hace poco leí que el fuerte del CEP era la Metodología usada. Le aseguro que en la Quinta Región y en la RM jamás se ha realizado como corresponde. No puede ser que yo vaya a Puerto Montt, informe que está mal empadronado y el jefe de campo lo termine validando porque habló con el encuestador y valga más lo que digan ellos que yo. En este estudio concreto de Cementerios usted sabe que el cliente paga y pide algo determinado. Se validó un estudio en donde las encuestas no se realizaron donde correspondía. Si se usa la PANDEMIA como razón quiero decirle que en términos de salubridad y seguridad estos fueron los lugares más inadecuados. Se fue a sectores de GSE D, de alta peligrosidad. Eso significa que para el estudio esas encuestas no (deberían) tener validez”, escribió a Karen Thal.

“El Departamento de Supervisión es rehén de Campo y no sé qué otras instancias más. Consideré un deber escribirle, porque uno le toma cariño a este trabajo. Y los clientes se merecen el debido respeto”, concluyó.

Cadem, consultada al respecto, afirma que las fiscalizaciones de Alarcón sí eran tomadas en cuenta y que, por su aporte, se anularon 308encuestas en los cuatro años que estuvo ahí, algunas de ellas referidas a la CEP (ver nota aparte). Aunque declinaron entregar el reporte de supervisión, pues es propiedad del cliente, señalan como ejemplo el manual del usuario que publica la propia CEP y que, respecto del estudio número 83, detalla que se anularon 23 encuestas, el 1,2% del total. No obstante, según la misma fuente, en los estudios 78, 79 y 80 y se anuló un 0% de las entrevistas, lo que supone que todas las realizadas se completaron de manera óptima. Y uno de ellos, el 78, es el que incluía las encuestas objetadas por Alarcón.

Marcelo sostiene los coordinadores de terreno no están obligados a sacar esas encuestas malas del estudio (Cadem afirma, por el contrario, que esa es atribución exclusiva del Departamento de Supervisión). De hecho, mi jefa me pedía a mí que tratara el tema con ellos, pero yo era nadie. Los tipos me decían que iban a tener en cuenta mis apreciaciones, pero pasaban las encuestas como válidas igual”.

El ex supervisor señala que a nadie parece importarle que la metodología que se cacarea no se aplique en realidad. “Yo antes hacía las supervisiones yendo a los lugares. Viajaba a regiones. Después me dijeron que tenía que hacerlas por teléfono. Así descubrí a un grupo de encuestadores que se juntaban en una casa a contestar las encuestas cruzadas, se compraban chips para cambiar el número de teléfono. Cuando yo llamé a un supuesto entrevistado, reconocí la voz del encuestador, porque lo conocía, pero como no podía probarlo, esa quedó como una encuesta legítima. A mí me daba rabia, porque en Osorno, por ejemplo, había una niña que trabajaba como se tenía que hacer y sacaba dos encuestas CEP por día, porque eso es lo que pasa cuando aplicas el método. Y estos otros, en Santiago, se hacían 8 de un tirón. Ella sacaba 10 lucas y ellos, 40”.

En su experiencia, dice, las encuestas más exigentes se falsean o se hacen a personas y en lugares que no corresponden en más de un 50 por ciento de los casos. “La empresa lo sabe y las pasa por buenas igual, porque tiene que responderle al cliente. Y lo que más me sorprende, es que parece que a los clientes tampoco les interesa saber la verdad. En mis años de experiencia, salvo en un caso, nunca vi que un cliente le quitara el estudio a Cadem por estas falencias”.

Como evidencia de su testimonio, el ex supervisor exhibe una tabla que recoge el resultado de una supervisión a 96 encuestas del CEP, aplicada en 2016, al estudio de campo para la encuesta CEP No. 78.

Según la información oficial, el trabajo en terreno se realizó entre el 25 de noviembre y el 23 de diciembre del mismo año. Es decir, en un período de 28 días. Sin embargo, las fechas anotadas por los encuestadores revelan que solo tuvieron 5 días para hacer el trabajo, entre el 13 y el 18 de diciembre.



Arturo Fontaine, sostuvo, cuando aún era director del CEP (en la introducción del estudio 38, de 2012), que cada encuestador visitaba al menos 3 veces el sector que se le asignaba. “Tanto en la segunda como en la tercera etapa de muestreo el entrevistador debe realizar un mínimo de tres visitas en tres días diferentes para intentar conseguir la vivienda original o la persona original a ser entrevistada. En esas visitas, el entrevistador debe dejar en la vivienda (o al sujeto seleccionado según sea el caso) una carta firmada por el director del CEP en la cual se explica la naturaleza del CEP y los objetivos del estudio que se está realizando”
Cada encuesta CEP tarda, además, 40 minutos en promedio, por la gran cantidad de preguntas que contiene. Sin embargo, en la planilla en cuestión se demuestra que los encuestadores visitaron solo una vez las manzanas asignadas y, a pesar de eso, tenían una tasa de éxito muy por encima de lo habitual. En una simple revisión en Google Maps, es posible detectar, por ejemplo, que en las que se hicieron en La Ligua hay direcciones que, en vez de dar vuelta a una manzana, como se supone que debió hacerse en una zona urbana, están en línea recta y separadas por una o dos cuadras de distancia; o que las direcciones anotadas en Playa Ancha no existen o corresponden a la cuadra de enfrente.

Es posible que algunos de esos errores se expliquen por los cambios ocurridos en estos cinco años, pero las imprecisiones, unidas a la velocidad de éxito en las entrevistas son pistas que debieron conducir a una revisión exhaustiva y a repetir las encuestas fallidas cosa que, según Marcelo Alarcón, no ocurrió. De hecho, en el Manual del Usuario de ese estudio, publicado por la CEP, se señala que no se anuló ninguna encuesta en el trabajo de campo.

A pesar de la responsabilidad que se le asignó, el ex supervisor trabajó siempre, al igual que los encuestadores, a honorarios. Afirma que se cansó de sentir que su trabajo en vez de servir para mejorar los resultados, era tratado como “un cacho” para la empresa. “El problema es que no son solo las encuestas políticas las que hace, también los estudios para la Defensoría Penal, la evaluación de atención en los consultorios con los que se determinan los bonos que recibe el personal, el estudio sobre consumo de drogas y tantos otros que tienen una consecuencia directa en la vida de las personas”, sostiene.

Dada la enorme laguna previsional que posee, Alarcón acaba de jubilarse con 140 mil pesos mensuales.

DEGUSTACIONES Y ACOSO SEXUAL

Marcos Fábrega estudiaba música en el pedagógico cuando se le presentó la oportunidad de hacer encuestas. Trabajó en Diagnos haciendo sondeos a la salida de los locales de votación (exit polls) en el plebiscito de 1988, y con orgullo cuenta que, pese al miedo que tenían las personas de responder, el resultado fue bastante cercano al real. “El terreno tenía bastantes exigencias: los encuestadores no podían estar inscritos. A cada local de votación iban cinco personas: una que llevaba las colaciones, otra que contaba a la gente que salía, otra que hacía las encuestas, otra que tenía que contar los votos y otra que se llevaba los resultados para despacharlos por teléfono. El cliente era francés y se notaba, porque esas cosas no se hacen en Chile”.


«A mí, como supervisora, nunca me pidieron repetir una encuesta anulada. Los estudios de mercado se dan mucho para el falseo»

Mariana (nombre ficticio) actual encuestadora.

Fábrega afirma que luego siguió en el rubro, estudió sociología y se retiró finalmente cerca de 2007. “Siempre fui supervisor, porque era tímido y el terreno no era lo mío. Nuestro jefe (Guillermo Cumsille Garín) era una eminencia y un señor muy rigoroso, pero nuestra metodología era simple: si había que hacer cinco encuestas en una manzana, cada diez casas y no encontrabas a alguien, pasabas a la siguiente, hasta que completabas la meta. Si en una manzana C2 no encontrabas la cuota de hombres que necesitabas, la reemplazabas por otra manzana de las mismas características. Las encuestas eran cortas y trabajábamos con un grupo pequeño de encuestadores, de confianza. En Cadem, para la Cep, y la Casen, por ejemplo, la metodología es demasiado estricta. Y en mi experiencia, mientras más exigente el trabajo, más fraudes”.

Karina (cuyo nombre real ha preferido mantener en reserva) trabajó cinco años en Cadem, primero como encuestadora y luego como coordinadora en terreno. Como Sandra, también llegó empujada por la necesidad de mantener a su hija, que tenía 15 años cuando se separó de su marido. Karina se quedó de un día para otro sin ingresos y sin un curriculum que mostrar, pues al salir del liceo técnico trabajó por corto tiempo en una oficina de contabilidad y cuando se casó, se quedó a cargo de la casa y de su hija.
“Yo iba pasando por el portal Lyon, donde la Cadem tenía una oficina, y una niña me ofreció una degustación, para que después respondiera una encuesta. Le pregunté cómo era la pega y cuánto se ganaba y al día siguiente me presenté a pedir trabajo”, relata.
Karina recuerda que, para juntar 600 mil pesos que necesitaba para pagar el arriendo y los gastos de la casa, trabajaba de sol a sol, incluso sábados y domingos. “Mi hija, menos mal que estaba grande y le gustaba estudiar, porque casi no la veía”.

Cuando empezó, le pagaban 3.600 pesos brutos por entrevista y cuando la despidieron en agosto del año pasado, le daban 4.000, más un bono de 15 mil pesos por coordinar a un grupo de encuestadoras. “Entre octubre y diciembre es cuando más estudios hay. Hubo un mes en que logré sacar un millón 600 mil pesos y una jefa nueva que teníamos se molestó. Dijo que cómo yo, una simple encuestadora, iba a ganar tanto. Pero, claro, me sacaba la mugre trabajando y en los meses malos sacaba 200, 300 lucas”.

La metodología de las degustaciones y encuestas de mercado era aún más desprolija que para el trabajo de campo del CEP y no mejoró porque les dieran tablets para consignar las respuestas.

“Al comienzo, teníamos que salir a la calle e invitar a la gente al local de Cadem para que probaran algún producto. Cualquiera que fuera pasando servía, pero teníamos que cumplir cuotas de estratos socioeconómicos. Como ahí no pasaban muchos ´D´, a veces poníamos que un C3 tenia educación media incompleta y así quedaba como D”.

Karina dice que, en sus tareas de coordinadora, ella siempre hacía las encuestas que le correspondía, pues tenía que dar el ejemplo a su equipo. Pero “a veces íbamos al Apumanque, por ejemplo, y una encuestadora se me perdía y volvía con un montón de encuestas hechas. Yo no le preguntaba cómo lo había logrado, pues a mí me presionaban para que cumpliera una meta en un plazo corto. Supe de algunos casos en que en la supervisión que después hacían por teléfono, se le decía a alguien que su encuesta quedaba nula, porque era falsa o no la había hecho bien. En esos casos, la persona no recibía su pago, pero nunca vi que las quitaran del estudio o que las repitieran”.

Karina recuerda que en algún momento Cadem decidió recortar gastos y cerró los locales y el furgón que tenían acondicionado para ofrecer productos a la gente. “Nos citaban a un local que dejaron en la calle Rancagua, donde no pasa nadie, así que nos mandaban a las plazas, con los productos -mayonesa, yogurt, mantequilla, jamonada- en unos potes de plástico, sin ninguna medida de higiene. Yo rogaba que nada se echara a perder, que nadie se enfermara”.

Pocas veces le tocó participar en encuestas políticas, pero las recuerda bien: “Una, para Plaza Pública, en que literalmente nos mandaron a hablar con gente en una plaza de Renca, para cubrir el segmento D. Y otra, cuando estaba el movimiento No + AFP, me mandaron a una marcha en la Plaza Italia. Ahí nos dieron la instrucción que dijéramos que veníamos de una universidad o cualquier cosa, pero no podíamos mencionar que éramos de CADEM”.

Esa fue la encuesta encargada por la Asociación de AFP a Cadem y que al informar los resultados sostuvo que la mayoría de los chilenos prefería poner una cotización adicional que proponía Bachelet en sus cuentas individuales y no en un sistema solidario.

Karina dice que, como tenía desplante, Cadem incluso le pedía que atendiera a clientes. “Me hacían que vendiera la pomada. De hecho, recuerdo claramente que llegaron unas personas a ver cómo hacíamos un estudio de un producto para niños. Estábamos en el local de Rancagua, donde no pasaba ninguno. Cadem citó a los clientes a la una de la tarde, porque a esa hora salía un colegio que estaba cerca, pero así y todo estuvimos toda la tarde para sacar un puñado de encuestas. Me acuerdo que yo les decía: ´Pucha que tuvieron mala suerte. Esto no pasa nunca. Si aquí estamos siempre rodeados de niños´”.

La encuestadora dice que su sacrificio valió la pena, porque su hija estudia actualmente una carrera en la Universidad de Chile. “Ni siquiera calificamos para la gratuidad, porque como en el papel gano mucha plata, tuvimos que endeudarnos no más. No ha sido fácil”, afirma y toma aliento para contar que el acoso sexual en ese oficio es cosa cotidiana.

“Los hombres te contestan una encuesta y te piden el número de teléfono. Cuando empecé, no se lo daba a nadie, pero un día uno de esos tipos dijo que yo no le había hecho ninguna encuesta cuando lo llamaron para supervisar y me la anularon. Ahí aprendí. Después, se los daba a todos los que me lo pedían y los mantenía en el WhatsApp hasta que se cerraba el estudio. Cuando estaba segura de que no habría fiscalización, los bloqueaba”.

Como cientos de encuestadores, Karina quedó sin ingresos, de un día para otro, cuando se decretó la cuarentena por causa de la pandemia. “Para Cadem nosotras somos un número en una planilla. Aunque cumplíamos horario y recibíamos órdenes, para la empresa no éramos nada”, sostiene.

JEFES “TRUCULENTOS”

Carla Gutiérrez, trabajó 3 años, entre 2007 a 2010, para las desaparecidas Demoscópica y Guérnica. Participó en estudios sociológicos. Por ejemplo, uno sobre gente viviendo con VIH, porque era madre soltera y en este trabajo “no me pedían muchos requisitos”.

Casi todas usaban la metodología probabilística. Unas duraban 15 minutos y había otras que podían tardar horas en aplicarse, pero “igual te exigían 20 encuestas en el día. Entonces, había que ver la forma de apurarlas. Honestamente, a veces cuando no encontraba a las personas que tenía que entrevistar me metía a un local en la manzana que me tocaba y ahí le preguntaba a cualquiera. Los jefes miraban pal lado. Para ellos también era un problema tener que repetirlas. El cliente pone un montón de trabas y requisitos al encargar las encuestas, pero de repente, en la práctica no se pueden cumplir”.

En su experiencia, las más difíciles eran las encuestas políticas, pues muy pocas personas están dispuestas a responder. “Una vez tuve que hacer una en La Reina. No me contestaba nadie. Me puse a llamar a amigos que vivían en esa comuna, o a amigos de amigos, porque tenía un plazo para entregarlas. Y la encuesta que no se hace, no se paga”.

También recuerda que le pidieron hacer una encuesta entre los usuarios del Servicio Médico Legal, para que evaluaran la señalética del lugar. “Tenías que preguntar: ¿Se dio cuenta del letrero? a gente que iba a buscar a familiares fallecidos en forma trágica. Obvio que no querían nada. Yo les hacía dos o tres preguntas y el resto las contestaba yo”.

Carla no cree en las encuestas. “Yo tenía compañeros que llenaban la mitad de los datos o se entrevistaban entre ellos, o le preguntaban a amigos y conocidos. Y ahí la encuesta deja de ser aleatoria y empieza el sesgo, porque obviamente mis amigos piensan como yo”.

Mariana, quien solicitó resguardar su nombre verdadero, pues aún trabaja en el rubro, es actualmente coordinadora de terreno para Cadem en una región fuera de Santiago y afirma que se considera una especialista en la encuesta CEP. Cuando le llega el estudio, trabaja diligentemente con encuestadoras que conoce hace mucho, para sacar el estudio a tiempo y cumpliendo con las exigencias metodológicas. Pero sabe que su caso es excepcional.

Comenzó a hacer encuestas en Santiago. Dejó sus estudios en el liceo técnico para trabajar en Cadem, fundamentalmente en testeo de productos comerciales.

“Yo trabajé más en locación que en terreno, porque la calle era muy difícil en Santiago. Costaba mucho encontrar a las personas de los segmentos que te pedían, especialmente los ABC1. Ahora, siempre se ha dado que hay gente que falsea las encuestas. Uno los veía llegar con una encuesta imposible (la expresión que usan las entrevistadas en este reportaje es ´encontraban a un chino colorín´) y era obvio que era mentira. Además, los jefes siempre te están presionando para que las saques rápido. Yo calculo que un 30 por ciento de las encuestas son falseadas”.

“Yo siempre he tenido la duda de si validan las encuestas nulas. En Santiago, si me decían ‘te quedó una encuesta nula’, yo pedía que me la devolvieran y, por lo tanto, no podían usarla. Pero acá (prefiere no mencionar la región en que se encuentra, por temor a represalias), te pueden decir que una niña tuvo diez encuestas nulas, a ella no le pagan, pero las usan igual. A mí, como supervisora, nunca me pidieron repetir una encuesta anulada. Los estudios de mercado se dan mucho para el falseo. La Casen, por ejemplo, la hace la Católica, pero la supervisa Cadem, y mientras más integrantes hay en una casa, más se demora el encuestador.

Entonces a veces los chiquillos ponen que hay menos gente. Todo depende del jefe de terreno que te toque. Yo trabajo con uno que nunca me ha dicho que rellene una encuesta, pero sé de jefes que son truculentos y trabajan con equipos truculentos. Los jefes reciben un adicional por encuesta respondida y por cumplir los plazos, así es que, si solo les importa la plata, les acomoda trabajar con encuestadores como ellos y que, a ojos de la empresa, son muy eficientes”.

Más allá del trabajo de terreno, los resultados tampoco le parecen representativos a Mariana, considerando lo que ella recoge en el trabajo de campo.

“Lo que sí sé es que ahora hay mucho malestar entre los encuestadores, que yo te diría en un 80 por ciento son mujeres. Cuando empezó la pandemia no tuvieron ningún gesto con la gente que les hace la pega. Tuvimos hasta fallecimientos por causa del COVID y nada, ni una llamada telefónica, ni siquiera a la gente más antigua”, afirma.

Karina, en tanto, agrega que ahora muchos estudios se han derivado al departamento de encuestas telefónicas. Y que a las encuestadoras que están en terreno les exigen que al hacer la encuesta usando la Tablet, le pidan al entrevistado un correo para invitarlo a responder encuestas por email. “Como no lo hacíamos, porque sabíamos que querían entrevistar a la gente por correo y saltarse nuestro trabajo, nos dijeron que, si la encuesta venía sin ese dato, no la iban a pagar. Nos mandan a trabajar contra nosotras mismas”.

Como dato curioso, la autora de este artículo recibió un correo electrónico, firmado por el gerente general de Cadem, Roberto Izikson, invitándola a responder una encuesta sobre “confianza en las empresas”, por encargo de la Sofofa. “Está dirigida a un grupo reducido de personas, líderes de opinión en diversos ámbitos, por lo que nos ayudaría mucho si puedes participar”, argumentó. Se la reenviaremos a Optimus Prime.



CADEM RECHAZA ACUSACIONES DE VALIDAR ENCUESTAS FALSEADAS

En respuesta a los relatos del ex supervisor de Cadem, Marcelo Alarcón, y de las y los encuestadores que confirman su testimonio, le preguntamos a esa empresa de sondeos por sus procedimientos de recolección de datos y supervisión del trabajo en terreno. Aseguran que se supervisa el 20 por ciento de las encuestas, siguiendo los estándares habituales, y que en el caso de la encuesta CEP ese porcentaje se realiza en terreno y se le añade otro grupo de entrevistas telefónicas. Aunque declinaron entregar los informes de fiscalización, por ser propiedad del cliente, aportan un dato público de ese centro de estudios, para la encuesta de mayo de 2019. En el manual del usuario, se informa que en esa ocasión, de más de 1.300 entrevistas, se anularon 23. Es decir, el 1,2% del total.

 ¿Cómo organiza el trabajo en terreno Cadem para cumplir con las metodologías que ofrecen a sus clientes? ¿Cómo organizan el trabajo en terreno para la encuesta CEP?

Antes que todo, se debe considerar que la encuesta CEP tiene una metodología definida por ese centro de estudios, que considera un muestreo estratificado (por región y zona urbana/rural), aleatorio y probabilístico en cada una de las tres etapas (selección de manzana, hogar y entrevistado), sin reemplazo. Considerando esta última característica, el nivel de respuestas de las últimas mediciones realizadas ha estado en torno al 65% – 70% del total de encuestas potenciales (67,8% en la última medición).

La selección de las manzanas donde se realizarán las entrevistas es desarrollada por la empresa Datavoz, la misma que supervisa el trabajo desarrollado por Cadem en la encuesta CEP.

«Los casos en los que el departamento de supervisión detecta algún problema, ya sea tengan que ver con una falla en la aplicación o falseo, son anulados por este departamento. Además, se supervisa el 100% de las encuestas de estas personas»

En el trabajo para CEP, así como en todos los estudios de terreno presencial, se organizan dos equipos diferentes e independientes que tienen funciones distintas en el desarrollo del terreno de esta encuesta. Por una parte, están los encuestadores, quienes se encargan de realizar las entrevistas y por otro el de los supervisores, el que tiene por objetivo corroborar que las entrevistas sean aplicadas correctamente considerando la metodología del estudio. Ambos departamentos son independientes. Todas las personas que supervisan reportan a un jefe de supervisión que, a su vez, reporta a la Gerencia General, al igual como reporta el departamento de terreno.

El único incentivo de supervisión es verificar la calidad del número de encuestas requerido, independiente del resultado. La decisión de anular encuestas es del departamento de supervisión.

Los encuestadores que trabajan en este estudio son, en su mayoría, los mismos que han trabajado en él en mediciones anteriores y conocen sus características en términos metodológicos. Se trata de un estudio complejo y desafiante para los encuestadores, y la experiencia ayuda a lograr que las personas respondan. Independientemente de lo anterior, y al igual que en todos los estudios, los encuestadores que realizarán entrevistas para la encuesta CEP participan de una reunión de inicio, donde, entre otros aspectos, se les explica detalladamente el procedimiento por medio del cual deben hacer la selección final de los hogares y de las personas a entrevistar.

¿Cómo desarrollan las fiscalizaciones y verificaciones para que los encuestadores cumplan con las especificaciones técnicas?

En el caso del CEP, este procedimiento implica la realización inicial de un empadronamiento de la manzana seleccionada, donde se registran los hogares existentes en ella. Luego, por medio de un programa disponible en el dispositivo móvil en donde se realizarán las entrevistas, se determina el salto sistemático que definirá los hogares a entrevistar en la manzana (en cada manzana se seleccionan 8 hogares). Finalmente, cuando se accede a entrevistar a una persona informante de uno de los hogares seleccionados, se registra en el cuestionario programado las personas que habitan en el hogar y, a través de un proceso aleatorio, el programa selecciona al azar a la persona a entrevistar en el hogar. Adicionalmente a la explicación de este procedimiento, en la capacitación se revisa el cuestionario, sus secciones y preguntas, incluyendo un proceso de role playing entre los participantes de aplicación del instrumento.

El segundo equipo, el de supervisores, tiene como objetivo corroborar la correcta aplicación de la metodología del estudio. Este equipo lleva a cabo 2 tipos de supervisión: presencial y telefónica.

En base al estándar de la industria, se supervisa un 20% de las encuestas de cada encuestador. Y en el caso de la encuesta CEP, esto se hace de manera presencial. Esta supervisión presencial implica revisar la correcta realización del empadronamiento, selección de los hogares y selección de los sujetos. De esta forma, se corroboran los hogares registrados y al contactar al entrevistado en el hogar, se corrobora la información dada por el informante respecto a la cantidad de personas en el hogar. Finalmente, con el entrevistado, se corrobora la realización de la entrevista, el tiempo de duración y la realización de algunas preguntas clave del cuestionario.

«Los casos en los que el departamento de supervisión detecta algún problema, ya sea tengan que ver con una falla en la aplicación o falseo, son anulados por este departamento.»

En el caso de la encuesta CEP, de manera adicional y por sobre el estándar de la industria, se realiza una supervisión telefónica, contactando a otros entrevistados, con los que se corroboran los datos del hogar, como la dirección y las personas existentes en el hogar (para corroborar el proceso de selección del entrevistado), se confirma la realización de la entrevista, su tiempo de duración y la realización de preguntas claves.

Si el equipo de supervisión detecta problemas en el empadronamiento, selección del sujeto o aplicación de la entrevista, este departamento anula la entrevista (la elimina de las encuestas válidas). Además, se supervisa la totalidad del trabajo del encuestador con algún problema detectado y se deja de considerar a esa persona para el trabajo del estudio.

Las personas que realizan el trabajo de supervisión trabajan de manera independiente al de realización de las entrevistas y su función y pagos depende de la realización del trabajo de validación.

¿Tienen algún programa de entrenamiento de los encuestadores?

Para cada estudio, se realiza una capacitación en que se explica el método de selección de los sujetos de acuerdo a la metodología definida por cada estudio y se revisan las preguntas del cuestionario. Se hace un ejercicio de role playing para practicar y aclarar todas las dudas que puedan surgir en la aplicación. En algunos casos, el cliente participa de esta reunión. A veces el cliente va de oyente y otras veces cuando el tema del estudio es más técnico, éste explica personalmente a los encuestadores algunos aspectos de su quehacer.

¿Qué hacen con los casos de falseo o encuestas mal aplicadas? ¿Las repiten? ¿Emiten un informe de fiscalización para la encuesta CEP, por ejemplo? ¿Es posible acceder a uno de ellos?

Los casos en los que el departamento de supervisión detecta algún problema, ya sea tengan que ver con una falla en la aplicación o falseo, son anulados por este departamento. Además, se supervisa el 100% de las encuestas de estas personas. Las encuestas nulas se excluyen automáticamente de las encuestas válidas.

Frente a esto hay distintas posibilidades para completar la muestra:

1) En muchos estudios se planifica una sobremuestra para poder tener más encuestas disponibles para reemplazarlas en caso de falseo. Se sabe que hay un porcentaje de encuestas que probablemente se anularán y este método permite adelantarse y terminar los estudios a tiempo eliminando las encuestas nulas.

2) Cuando hay tiempo, se pide a otro encuestador que haga encuestas de reemplazo. En el caso de encuestas en regiones, cuando esto ocurre, se pide a otro coordinador que haga este trabajo.

3) Cuando no hubo sobremuestra y no hay tiempo, excepcionalmente se acuerda con el cliente del estudio cerrar la muestra con menos casos, siempre que el margen de error lo permita y la muestra siga siendo suficiente para garantizar la calidad.

Todos los estudios tienen un informe final de supervisión, en el que se indica la cantidad y porcentaje de encuestas supervisadas, la cantidad y porcentaje de encuestas válidas y anuladas.

En el caso particular de la encuesta CEP, dado que nuestro trabajo se limita a la realización del terreno, se desarrolla un informe metodológico que considera diversos datos: la cantidad de encuestas potenciales y las finalmente logradas, la distribución de las encuestas logradas por región, las razones por las que no se logró realizar las entrevistas no logradas, el número de visitas realizadas a los hogares seleccionados y un informe de supervisión. Este informe indica la cantidad y porcentaje de supervisión efectiva presencial y telefónica lograda para la medición. Además, se indica la cantidad de encuestas anuladas.

Lamentablemente no podemos compartir estos informes porque son propiedad de nuestro cliente. Pero, a modo de ejemplo, se adjunta el manual de usuario (está publicado en el sitio web del CEP) de la medición 2019. PINCHE AQUÍ En la página 11 de dicho manual se informa el resultado final de todas las encuestas potenciales, con las razones de no logro, dentro de las cuales están las encuestas anuladas que en esa medición corresponden a 23. Revisando el detalle de estas 23 encuestas hay anuladas por revisión del empadronamiento, por problemas de aplicación y selección del sujeto, y otras objetadas por Datavoz (empresa que hace una segunda supervisión del trabajo).

En relación a las condiciones laborales de los encuestadores, coordinadores y supervisores. ¿Por qué todos trabajan a honorarios? ¿Cadem les ofreció algún plan de contingencia debido a la pandemia?

Todos los coordinadores en RM son contratados. En regiones se contrata a coordinadores a honorarios porque no tenemos flujo de trabajo suficiente que justifique tener contratados coordinadores fijos en regiones.

Como es normal en la industria de investigación de mercado, los encuestadores de terreno trabajan a honorarios porque la demanda en terreno, en cantidad y tipo de estudio, es muy variable. Ellos pueden aceptar o no trabajar en un estudio y generalmente eligen aquellos estudios en que saben que el trabajo les rinde, de acuerdo a sus capacidades personales. Además, la naturaleza del trabajo hace que pueda ser realizado a la hora que ellos quieran, lo que les aporta flexibilidad a personas que no pueden comprometerse a un trabajo con horario fijo.

¿El ex supervisor Marcelo Alarcón les hizo llegar denuncias de irregularidades en el trabajo de terreno?

Respecto a la información entregada por don Marcelo Alarcón a su medio e informada a Cadem, revisamos nuestros datos y vimos que esta persona realizó trabajos de supervisión a honorarios con nosotros por última vez el mes de febrero del 2021. En esa misma fecha, escribió un correo a la Gerente General de Cadem, señalando que no seguiría prestando servicios para la empresa y denunciando, para un estudio en particular (que no es la encuesta CEP), una cantidad de casos que, a su juicio, deberían ser anulados y que no lo habían sido.

A raíz de este mail y de la gravedad de su denuncia, en ese momento se realizó una investigación y se revisó el informe de supervisión del estudio que denunciaba como irregular. En dicho informe se señalaba que efectivamente, contrario a lo que decía el señor Alarcón, se anularon 12 encuestas por razones diversas correctamente detectadas por la supervisión. Todas estas encuestas fueron reemplazadas. Además, había 20 encuestas que el señor Alarcón sugería anular por GSE mal asignado. Respecto a lo anterior, existen dos criterios para clasificar GSE: de acuerdo a la percepción visual del encuestador o supervisor, y de acuerdo a preguntas de actividad y educación del jefe de hogar. En este caso, y como se hace en la mayoría de los estudios, se usó el segundo criterio. Estas 20 encuestas fueron supervisadas y, de acuerdo a la actividad y educación del jefe de hogar, el GSE registrado era el correcto.

Además, se revisó todo el trabajo del señor Alarcón, durante el periodo de octubre 2018 a febrero de 2021. Se detectó que hay 308 encuestas (incluidas algunas del estudio CEP) anuladas gracias a su trabajo, número que se encuentra dentro de los parámetros habituales entre las personas que supervisan. No hay razones para pensar que su trabajo no era considerado.

En su mail también señalaba que en Cadem, el departamento de supervisión no es independiente del departamento de terreno. Esto no corresponde a la realidad y puede verificarlo cualquier persona que trabaja en la empresa. Supervisión reporta a la gerencia general y es el único departamento que puede anular encuestas. El departamento de terreno no tiene ninguna influencia en que se anulen o no las encuestas.

Finalmente, es importante señalar que entre 2018 y 2021 se han anulado 7.487 encuestas (del universo total de estudios que hace Cadem), gracias al trabajo comprometido del departamento de supervisión y de todas las personas que trabajan validando la correcta aplicación de las encuestas. Como es habitual en la industria, se anulan por errores en la aplicación o por falseo. Esto permite asegurar la calidad de las encuestas que se consideran finalmente válidas en los estudios.


40 comentarios de “El lugar donde las encuestas pierden la seriedad

  1. Paz dice:

    A mi me contactó CADEM para encuestas por mail. Cada vez que hago una, falseo los datos.
    #TrabajoDigno #NomasHonorarios

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  5. Laura Green dice:

    Todo esto me parece muy familiar. Situaciones similares ocurren con las encuestas alimentarias; con las evaluaciones de la JUNAEB, con la supervisión del PAE (cuando se hace)… en fin! Conocí muy de cerca esos mundos y también se falsea mucho.

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  7. Alejandra Cabezas dice:

    Excelente reportaje! Llevo muchísimos años trabajando en la industria de la investigación social y de mercado, y el falseo y clonación de datos en los estudios cuantitativos es un secreto a voces. La alternativa está en el diseño creativo de nuevas metodologías y estrategias que sorteen estos obstáculos y hagan de la información algo realmente fidedigno para la toma de decisiones.

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  9. Miguel Castro dice:

    Aldjandra, cada día Nuestros ojos se abren gracias a trabajos como el tuyo ….por favor sigue adelante!!!!

  10. Edgardo dice:

    Felicitaciones Respetada Alejandra, siempre acertiva con tus reportajes, destapando la olla y dejando en evidencia lo podrido de este maldito sistema, sociedad que tenemos y corruptas autoridades que nos conducen.
    Gracias

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  12. nancy dice:

    Una periodista seria y creible, no vendida al poder empresarial y económico como la mayoría, por no decir todos los que están en televisión y en los pasquines de derecha, que nos desinforman y tergiversan la realidad. Gracias Alejandra

  13. Eleanor dice:

    No deja de ser curioso que ahora que un candidato fuerte de derecha se posiciona en el 1er lugar de las encuestas, salen todos los periodistas de oposición a «criticar la validez de las encuestas y sus metodologías»…

    …Pero cuando su candidato Boric iba 1ero, guardaban un silencio estoico.

  14. mario jasnis dice:

    «Muchas veces escuché de jefes de terreno decir que mi trabajo estaba bien hecho, pero que ellos tomaban la última decisión». Este tipo de errores invalida muchas opiniones técnicas. Nadie revisa… nadie supervisa… pasa lo mismo con las encuestas, como dice una de las personas entrevistadas

  15. Alejandro Barrera dice:

    Si bien no es lo medular del artículo, quiero aportar algunas sugerencias para las definiciones metodológicas del inicio, donde hay algunas imprecisiones:

    – «Estratificada, significa que el número de encuestas rurales y urbanas en cada región debe ser proporcional a la población de ese tipo que hay en cada región.». No. Estratificada significa que la muestra se organiza mediante estratos que existen en el universo (por ejemplo, regiones o macrozonas), pero puede ser proporcional o aproporcional.

    – «Que sea probabilístico se refiere a que cualquier sujeto de la población objetivo (chilenos mayores de 18 años, en este caso) tienen la misma oportunidad de ser escogidos para responder las preguntas». No. Que sea probabilístico significa que todos los sujetos de la población tienen una probabilidad conocida y mayor a 0 de ser seleccionados, no necesariamente la misma.

    – Respecto a la aleatoriedad, como se indica un proceso aleatorio en tres etapas, además de la selección aleatoria de la UPM/ manzana (primera etapa) y la vivienda (segunda etapa), debe existir una tercera etapa de selección aleatoria de la persona que responde dentro de esa vivienda.

    Saludos y felicitaciones por el reportaje.

  16. María Gavilanes Bravo dice:

    Alejandra, gracias por haber destapado una olla que hierve. Lo que manifiesta Marcelo es efectivo pero no todas las empresas actúan de la misma forma. Mi experiencia en este ámbito me dio muchas satisfacciones pero también sinsabores. Los encuestadores que realizan estudios políticos y sociales deben tener siempre presente que de la información que recogen en terreno dependen las políticas sociales que se aplicarán para el desarrollo de nuestro país y además, cuando se falsea una encuesta política, generando supuestas preferencias por algún candidato, se da paso a que aquellos votantes que no tienen un color político y tampoco preferencias partidistas, termine votando por el menos indicado, pero que estuvo siempre liderando el resultado. Como país ya tenemos la experiencia en dos períodos y no han sido presisamente los mejores gobiernos.

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