Ilustración: Leo Camus

Análisis electoral

¿Chile bipolar?

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El triunfo de Kast no significa que Chile se derechizó, sugiere el autor, sino que el candidato logró recuperar la votación tradicional de ese sector. Mientras, la centroizquierda tuvo los mismos tres millones que ha conseguido en los últimos diez años. Lo que pasó ayer fue la reiteración de preferencias que han caracterizado Chile y que solo cambiaron durante el Apruebo y la Convención, lo que hizo pensar que el país era otro, pero no.


¿Por qué la ciudadanía eligió una presidenta socialista y luego a uno de derecha, vinculado al mundo financiero y de los negocios? ¿Por qué ese mismo electorado apoyó abrumadoramente el cambio constitucional, luego una Convención Constitucional que apuesta por la renovación casi completa de la política y ahora hacer triunfar, en primera vuelta, a un candidato de extrema derecha?

Parece un escenario pendular, que va y viene desde la revolución del estallido social a una contrarrevolución conservadora. Pero ¿podemos asegurar que son los mismos electores que se inclinan por una u otra opción de acuerdo con las circunstancias?

En realidad la historia electoral nos muestra un fenómeno distinto a la bipolaridad, entendida ésta como una misma ciudadanía que oscila de un estado a otro. No se trata de un país volcándose masivamente por una opción y luego dando la vuelta para apoyar una opuesta. Lo que en realidad observamos es una sociedad fragmentada, dividida, que tiene distintas lealtades y que llegado el momento de votar, dependiendo de las circunstancias, sale a apoyar alguna opción. Chile es un país de identidades, de nichos que se movilizan por sus propias causas.

Un primer grupo es aquel segmento hoy mayoritario de la sociedad que no participa de las elecciones. Los resultados preliminares nos indican que el 54% no concurrió a votar en una de las elecciones más polarizadas que ha tenido el país desde el retorno a la democracia. Tampoco lo hizo el 49% cuando se definió en un plebiscito si queríamos o no una nueva Constitución. Así, una mitad del país —por alguna razón— está decidida a no señalar preferencias.

La otra mitad —aquella que sí vota— muestra tendencias oscilantes de participación pero que en términos generales han alcanzado 7 millones de electores como promedio desde el retorno a la democracia. Mientras en primera vuelta la centro izquierda ha promediado poco más de 3 millones de votos, la derecha ha promediado 2,8 millones. Pues bien, observemos los resultados de la elección 2021. Los datos preliminares muestran que la combinación de candidaturas de derecha (Kast + Sichel) alcanzó 2,8 millones de votos; mientras que las candidaturas de centroizquierda (Boric + Provoste + Enríquez-Ominami) suman 3,1 millones de votos.

Las cifras manifiestan una tendencia impresionantemente estática en el tiempo. Parece ser que nuestra división nos acompaña por décadas. Han existido cambios, ¡qué duda cabe! El primero de ellos, y quizás más notorio, es el ostensible decaimiento del centro político (DC-PR-PPD) que ha reducido significativamente su peso electoral en el concierto de la centroizquierda. El segundo es el crecimiento de un polo de izquierda frenteamplista y comunista que han tendido a incrementarse en los últimos años. Se trata de votantes principalmente urbanos y de la zona central del país.

¿Qué pasó entonces con el plebiscito y la elección de la Convención? ¿Constituyen acaso un paréntesis disruptivo en esta constante antes descrita?

Recordemos que para el plebiscito de 2020 participaron 7,5 millones de votantes (500 mil más que lo habitual que conocíamos en las presidenciales), y de ellos cerca del 80% (5,8 millones) se inclinaron por una nueva Constitución. Este dato llevó a pensar que la sociedad chilena había cambiado. Que aquel 80% representaba a todas las personas que querían cambios estructurales significativos para la sociedad.

Esta interpretación constituye a mi juicio un error por cuanto una parte de la derecha participó de la idea de cambiar el texto constitucional. Asumir que toda la derecha se subsumía única y exclusivamente a quienes votaron por el rechazo (1,6 millones) constituye una equivocación. Lo que pasó en esa elección es que parte del votante tradicional de derecha se dividió entre el rechazo y apruebo, diluyendo sus preferencias.

La elección de la Convención Constitucional es un segundo momento.

Esta vez participaron 6,1 millones de electores (41,5%) y la derecha obtuvo 1,1 millones de votos, lo que le significó una representación minoritaria que alcanza al 24% de la Convención.


“Los votantes de Parisi son escépticos de cualquier cosa que se asemeje a un acuerdo de élites. No será sencillo aproximarse a esos electores. Pero si hay alguien que puede acercarse más a este perfil es José Antonio Kast”


De nuevo, las interpretaciones llevaron a asumir que las fuerzas de la derecha estaban a la baja y que Chile había cambiado. Lo que en realidad estaba sucediendo es que las fuerzas de la derecha no fueron capaces de movilizar a su electorado tradicional. Por su parte, la izquierda y los grupos independientes fueron efectivos en movilizar a sus electorados. En las elecciones municipales de ese mismo ciclo electoral, la derecha movilizó 1,6 millones de votos mientras la centroizquierda agrupada en partidos convocó a poco más de 2,6 millones.

Entonces, el contexto post-estallido tuvo un efecto desmovilizador de la derecha, lo que la llevó a perder importantes cupos de poder en la política tradicional. Esta primera vuelta presidencial demostró la capacidad de la derecha de volver a movilizar a electores que antes había movilizado (2,8 millones de electores); como también demuestra la capacidad de la centroizquierda de movilizar sus huestes que le son fieles (3 millones).

El factor Parisi

Entonces, la derecha chilena vuelve a respirar. Además de recuperar un electorado que parecía perdido, se ubica en una posición de privilegio para mantener la Presidencia de la mano de un inesperado candidato. Pero, asumiendo que gran parte del votante de Sichel podría inclinarse por Kast, cuestión bastante probable, la gran incógnita será observar qué pasará con el votante de Franco Parisi que irónicamente se transformó en un elemento clave del paisaje político ya que representan más de 800 mil votos.

Sabemos que ese votante no es militante. Seguramente es un elector que tiene una ácida crítica a los partidos y al establishment (actores políticos, empresarios o todo aquello que huela a élite). Muchos de ellos seguramente dudarán de participar de la segunda vuelta. Se trata de independientes y escépticos de cualquier cosa que se asemeje a un acuerdo de las élites. Por lo mismo, no será sencillo en las próximas semanas aproximarse a dichos electores. Pero si hay alguien que puede acercarse más a este tipo de perfil es precisamente José Antonio Kast.

El desafío de Boric

Gabriel Boric logró movilizar en esta primera vuelta presidencial exactamente el mismo número de electores que participó en la primaria de Apruebo Dignidad (1.814.809 vs. 1.750.889 respectivamente). Esto último habla de la incapacidad de su candidatura de traspasar las fronteras de su zona de confort. Para convertirse en Presidente requiere hablarle a otros electores y electoras. Necesita afinar su discurso, ampliar su repertorio y ofrecer soluciones muchísimo más específicas a diversos sectores donde su mensaje no cala hondo.

Boric tendrá que bajar del árbol y dedicarse a hablar de orden público, empleo, crecimiento económico, temas que seguramente le preocupan a votantes indecisos y más moderados. Eventualmente, deberá rodearse de un nuevo elenco, uno que le permita aterrizar sus ideas y demostrar que puede gobernar el país.

Por el momento, son solo sus más cercanos adherentes —aquel millón setecientos mil—quienes confían en su proyecto. Deberá mostrarse mucho más en el norte y sur del país que es donde su campaña tiene problemas en conquistar más votos. La segunda vuelta presidencial será extremadamente cerrada y competitiva. Y no puede ser de otra manera pues las lealtades del mundo de la derecha y de la centroizquierda están más o menos solidificadas. Esta elección dependerá de la virtud de las candidaturas de construir coaliciones ganadoras que transmitan seguridades y certezas, gobernabilidad y acuerdos. Quien logre establecer aquellas alianzas y encontrar el justo tono para esos para esos electores que tendrán en sus manos la elección.


4 comentarios de “Análisis electoral: ¿Chile bipolar?

  1. Ricardo Roa dice:

    La derecha, a través de la tv, genera miedo en la gente por medio de propaganda desmedida de robos y asaltos. Generan angustia.
    Luego ofrecen la seguridad, su seguridad de opresores, como solución.
    La gente común no ve esa ligazón
    Crean la enfermedad y luego venden el remedio.

  2. Gladys Geisse dice:

    El chileno se ha ido transformando en un hombre y una mujer individualista. De un tiempo a esta parte, sólo piensa en su comodidad, ya no se pone en el lugar del otro. Sólo se preocupa de su isla. El 11 de sep del 73 cambió la actitud solidaria del chileno de antaño. Ya no es amigo del forastero, rechaza al que no vive como él y odia al que piensa u opina distinto. El 73 nos partió en dos, creó una brecha que cada día aumenta.
    Para cambiar a este país hay que crear unidad. Necesitamos un ser especial que nos haga renacer en la hermandad desinteresada y en la entrega de servir al otro.

  3. navarreteynavarrete dice:

    Chile se viene polarizando hace mucho rato por efecto de una clase política negligente, llena de vicios, incluso de corrupción. Esa clase emplea la división simplemente para justificar su existencia y dar lugar a la permanencia de un nefasto sistema representativo, el que hoy está entorpeciendo el verdadero avance y el desarrollo de éste País.
    Muchos creemos que ya es hora de poner término a ese modelo y dar paso a uno de Representacion Directa que hoy se denomina Democracia Directa.
    Modelo que permitiria enfocar el País en los verdaderos objetivos, y para ello los recursos están.
    Chile no es un país pobre, como se nos ha querido hacer ver por décadas por esa misma mediocre y corrupta casta política.
    Necesitamos ir a una Transición y para ello Chile necesita levantar un tercera fuerza Ciudadana para poner un cable a tierra y para poner orden y control.
    Lamentablemente el país (bipolar y autista) no lo entendió… así como debo reconocer que la estrategia para ello falló desde un comienzo.
    Si bien surgió Parisi como último recurso, la idea siempre fue lograr conformar un equipo de ciudadanos que «consensuaran» la idea de poner término a la desvirtuada y corrompida función de los actuales partidos políticos; pero la no existencia de lideres hoy en Chile que conciten el consenso ciudadano, complica esta loable tarea. En fin así de la noche a la mañana surgen Gino Lorenzini y Franco Parisi quienes se unen y hacen «resurgir» esta idea de que ya basta de la mediocridad política y corrupción económica…
    Pero falló la estrategia de asegurar el ingreso de más representantes que concitaran ese consenso ciudadano y no solo eso, se produjo la división de Parisi y Gino y con ello comenzó a perderse la fuerza y el enfoque que ésta campaña debía tener.
    Chile tenía solo ésta oportunidad para vía Democrática optar a un proceso de transición y cambio pausado que se necesita, para ir de un añejo y desvirtuado modelo de representivo a uno nuevo ágil y directo como es una Democracia Directa.
    Pero reitero ése porcentaje 55% apática que no se motiva con nada… ¡No lo entendió!.
    Y así llegamos a una 2da vuelta con dos candidaturas extremas y muy malas, donde salga quien salga con sus posturas, llevarán simplemente a profundizar la polarización de este país.
    País que a los más viejos ya nos hace recordar los años previos al 73.

    Atte.
    Ramon Navarrete.

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