Constituyente 2.0, el riesgo de escribir un nuevo texto para que todo siga igual

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Un nuevo proceso constituyente, más técnico, está en línea con las demandas de las personas, muestra esta columna. Pero esa sincronía entre grupos dirigentes y ciudadanxs puede ser breve, pues los procesos políticos recientes tienen la estabilidad de lo que dura un péndulo en una posición. “Lograr un equilibrio entre sobriedad, claridad, expertise y sentido común es quizás uno de los principales desafíos”, concluyen los autores.


La imagen del péndulo simplifica el análisis de las cosas en el proceso político chileno. Esta imagen es por lo pronto binaria; lo que era blanco se transforma en negro en un plazo impredecible. La fuerza que mueve el péndulo ahorra mayores explicaciones: puede ser la ira o el cansancio contenido, una especie de energía subterránea que emerge, ya sea en la protesta callejera o en el voto secreto. En ambos casos, la justificación es que “no lo vimos venir”. Y en el caso del proceso constituyente, el péndulo se ha movido con particular celeridad.

El plebiscito del 4 de septiembre es el último movimiento del péndulo, que en solo dos años pasó de un 80% de querer una nueva carta constitucional a un 62% que se manifestaba en contra de la propuesta de un texto. 24 meses de un proceso político bastante largo donde es posible observar desde la perspectiva de los ciudadanos cómo se construyen o modifican sus percepciones en un contexto de múltiples variables y factores. Ninguno es lo suficientemente fuerte para entender el cambio.


“El nuevo proceso debiese ser capaz de comunicar un esfuerzo político nacional mancomunado por establecer las bases de una convivencia social y política en el país”


Para evitar nuevamente un no lo vimos venir y apelar a la fuerza del péndulo en nuestra política conviene revisar y observar la experiencia vivida. Un instrumento útil para ello es el panel cualitativo que la Plataforma Contexto de la Universidad Diego Portales y Subjetiva desarrollaron durante 24 meses y que fue recogiendo los relatos de dos grupos estables de personas que cada dos meses se reunían para compartir sus experiencias y percepciones. Se trata de personas de clase media (C3), entre 18-60 años y residentes en Santiago. El material recogido busca aportar algunas claves no solo para entender lo sucedido, sino para un nuevo proceso que esta vez sí sea exitoso.

¿Qué experiencias pueden ser válidas para un proceso de cambio constitucional?

La conexión con la coyuntura: el llamado a rodear la Convención que algunos sectores lanzaron en la campaña previa al plebiscito de entrada, en la práctica significó que la  Convención terminó rodeada de su quehacer, pero con escasa sintonía en relación al peso que iba adquiriendo la coyuntura en las percepciones de la personas y sin capacidad de ver cómo ello afectaba de alguna manera no solo la percepción del proceso, sino el resultado del mismo. Los anhelos de largo plazo se fueron moldeando ante la incertidumbre que surgía en el horizonte más inmediato. “Yo creo que esa percepción es la que ellos tienen que cambiar (…)  que se tienen que empezar a dar señales de avance y en los temas importantes. No han salido conversatorios sobre los temas importantes” nos planteaba uno de los participantes en Septiembre de 2021.


“El proceso constituyente recuperó algo que ha ido perdiendo la actividad política: la emoción”


El valor de la participación: quizás la deuda mayor en los relatos de la personas es la promesa incumplida de la participación, expectativa que aumentaba en la medida que crecía la crítica hacia los convencionales y los déficits de representación; y por lo tanto era más difícil cumplir con esta promesa más allá de los esfuerzos que hiciera la convención al respecto. Cuando la natural negociación de todo proceso político es percibido como una cocina, no tiene tanto que ver con la falta de participación y transparencia que ella puede tener, sino con la falta de representación de quienes son los cocineros. Lo más complejo del proceso que se inicia es precisamente eso: que está a cargo de personas con baja confianza ciudadana y con poca claridad respecto de los márgenes efectivos de participación: «Yo espero que vengan con esa actitud de mayor diálogo, esa idea que se manejaba de la cocina, parece que no va con estos cabros«, Enero 2022.

El déficit de la representación: la desconfianza hacia las instituciones va de la mano con la que se genera respecto de sus representantes. Los políticos condensan en sí todos los atributos que se consideran dañinos para una verdadera democracia representativa. Desde esta perspectiva, el estallido social no solo fue percibido como una reacción frente a un sistema que  no daba respuesta a demandas que se venían arrastrando desde hace tiempo, sino que su desconexión y en algunos casos, motivaciones opuestas a las de las personas comunes y corrientes, agravaron aún más la situación. Tras octubre de 2019 y ante la expectativa de un proceso constituyente, se instaló en el imaginario la figura de los independientes: personas comunes y corrientes, muchas de ellas validadas por su participación en las protestas sociales, en la academia, o en las tribunas que se abrieron en los medios de comunicación, tanto en programas políticos como en los matinales.


“¿Cuánto durará esta favorabilidad hacia los técnicos? Tanto como emerja nuevamente el lastre de la falta de confianza y representación política”


Pero el proceso constituyente afectó seriamente la imagen de los independientes. Si bien en los relatos recogidos se observan matices en relación a la idea de que las situaciones más controvertidas eran protagonizadas en la Convención por independientes, ello fue finalmente afectando la imagen más general del proceso. Tras el plebiscito se empieza a instalar la percepción favorable hacia los llamados técnicos, una forma de contrarrestar la idea de que en el proceso hubo imprevisión. ¿Cuánto durará esta favorabilidad hacia los técnicos? Tanto como emerja nuevamente el lastre de la falta de confianza y representación política: “Yo quiero un panel de expertos, estudiosos del tema, que no distingan ningún partido específico y sean muy centrados en crear algo y no ver sus propias referencias según su partido político, que vayan directamente a pensar en general en todo”, Julio 2022.

El riesgo aquí es que esta nueva esperanza puesta en la expertise técnica vuelva a provocar frustración si es que la nueva camada de tomadores y tomadoras de decisiones no considera o no se acerca a los sentidos comunes de la propia ciudadanía. El saber técnico podría tener la ventaja de la sobriedad y republicanismo de las formas, pero al mismo tiempo corre el riesgo de subsumirse en debates abstractos alejados de las preocupaciones ciudadanas. Lograr un equilibrio entre sobriedad, claridad, expertise y sentido común es quizás uno de los principales desafíos de un eventual nuevo proceso. 

La emoción como factor central: el proceso constituyente recuperó algo que ha ido perdiendo la actividad política: la emoción que ella puede despertar en un momento y que luego se fue diluyendo de la mano de una creciente desafección electoral. La gama de emociones que observamos en este proceso fue amplia y fueron determinantes para entender algunas percepciones y relatos. La expectativa y la frustración, la esperanza y el temor, la alegría y la pena; arcos dramáticos que se fueron sucediendo a lo largo de 24 meses. Mucho se especuló con los déficits comunicacionales del trabajo de la Convención, pero esta crítica estaba solo anclada en la carencia de información que combatiera errores y desinformaciones. Es probable que ello fuese efectivamente así, pero lo que parece estar de fondo es la ausencia de un relato capaz de acoger esas emociones que resultaban tan vitales para las personas. Lo cognitivo requiere inevitablemente un lazo emocional para generar adhesión política y esa desafección fue determinante para que la desinformación fluyera con mayor fuerza entre las personas.  “Cuando ganó el No, fue una cosa muy emocionante, fue como…hubo mucha esperanza, bueno por eso que después tuvimos tantos años de decepción y mucha gente decepcionada precisamente por lo mismo”, Octubre 2020.


“Lo más complejo del proceso que se inicia es que está a cargo de personas con baja confianza ciudadana”


De este modo, cualquier proceso que se instale deberá considerar una dimensión subjetiva que es central en la definición de una política comunicacional. El nuevo proceso debiese ser capaz de comunicar un esfuerzo político nacional mancomunado por establecer las bases de una convivencia social y política en el país. Sería muy negativo que la ciudadanía percibiera este nuevo esfuerzo como una nueva “revancha”—ahora de los partidos políticos.

El manejo de la  incertidumbre: durante todo el proceso observamos en el panel la preminencia de la incertidumbre, la que se iba regulando con los procesos electorales. Previo al plebiscito de entrada había inquietud  por el resultado del mismo y las consecuencias que podría tener: el temor a un rechazo y que no se avanzara en la contención del descontento era el relato prevaleciente. Luego, las elecciones de constituyentes junto con autoridades comunales y regionales siguieron el mismo curso, con el aditivo que significó la alta presencia de independientes o representantes de movimientos sociales. El  inicio del trabajo de la Convención fue el comienzo de un  periodo más prolongado de incertidumbre, esta vez por el temor a que se frustraran las expectativas: el triunfo del Presidente Boric logró atenuar en parte esta incertidumbre, en tanto asumió desde la campaña misma el compromiso con el éxito del proceso constituyente. El desenlace del 4 de septiembre no ha resuelto la incertidumbre, sino que la ha transformado en algo más complejo: no solo está atada a la resolución del tema constitucional -que sigue siendo considerado relevante-, sino al manejo de los problemas económicos y de seguridad ciudadana. “Es una incertidumbre, siento miedo también, que no había sentido hace mucho tiempo, inseguridad, esa sensación es como de día a día, con la gente que yo converso está igual, un poco de rabia algunas personas con los constituyentes”, Julio 2022.

Los movimientos pendulares existen, pero no dependen de una sola fuerza que los activa, sino de múltiples, que pueden cambiar en cada ciclo. Además se pueden ir modificando en el tiempo. De ahí la importancia de seguirlos con atención, no solamente cuando se arriba al otro polo. Las guías que aportan los relatos de las personas pueden ayudar a que ese movimiento sea más fácil de seguir y eventualmente anticipar.

Un péndulo que está oscilando desde el protagonismo ciudadano hacia el protagonismo de las élites (expertas, políticas), pero que corre el riesgo de no ser percibido de buena manera si es que en este nuevo ciclo se cometen los mismos errores del pasado: si se reúne a un nuevo contingente de representantes que bajo formas distintas—quizás más pulcras y republicanas—escriban un texto para que todo siga igual.

Un comentario de “Constituyente 2.0, el riesgo de escribir un nuevo texto para que todo siga igual

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