Ser o no ser Primera Dama

Como el rol de Primera Dama no está regulado, hay espacio para repensarlo y cambiarlo gradualmente escribe la autora de esta columna, quien estudió este cargo en Latinoamérica entre 1990 y 2016. Destaca la influencia política de esa posición que puede ayudar a la imagen del presidente y dar pie a una carrera política.


La investigación reciente y comparada sobre el papel que juegan las primeras damas, particularmente en América Latina, muestra que en los últimos 20 años se han convertido en figuras con influencia; son crecientemente identificadas como parte de la élite política y su participación en el gobierno afecta la percepción de éste, especialmente si promueven iniciativas de alcance nacional (Guerrero Valencia & Arana Araya, 2019) ¿Puede repensarse su rol en Chile?, como planteó Irina Karamanos, actual pareja del presidente electo Gabriel Boric. En esta columna analizaré las características del cargo, la transformación de algunas de estas figuras -la mayoría de las cuales son mujeres- en líderes políticos y abordaré el caso chileno. Aún cuando los datos muestran que la participación política de las primeras damas latinoamericanas ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, el cargo presenta una ambigüedad en su definición, funciones y regulación, lo que permite que sea interpretado y utilizado de distintas formas.

En un artículo de próxima publicación, con Ignacio Arana analizamos la trayectoria política de las primeras damas de América Latina en las últimas dos décadas. Nuestros datos sugieren que la probabilidad prevista de que las primeras damas con experiencia previa como políticas electas se presenten a las elecciones es del 70%, y hay un 86% de posibilidades de que compitan por el congreso, la presidencia o la vicepresidencia en la primera oportunidad que tengan (Arana Araya & Guerrero Valencia, 2022). Los resultados de nuestro análisis son elocuentes: entre 1999 y 2016, veintiséis veces se han presentado ex primeras damas como candidatas a la presidencia, vicepresidencia, o el Congreso, resultando electas en diecinueve ocasiones en América Latina. Es una tendencia que sigue creciendo. Por ejemplo, Xiomara Castro de Zelaya fue electa presidenta de Honduras en diciembre de 2021. Algunas se han convertido en vicepresidentas, como Cristina Fernández en Argentina en 2019 y Rosario Murillo, reelegida como vicepresidenta en las elecciones generales no democráticas de Nicaragua de 2021.

A pesar de la activa participación de estas figuras (que no siempre son mujeres) en política, la literatura especializada ha fallado en documentarla. Los análisis predominantes sobre primeras damas se han producido fundamentalmente en Estados Unidos (Borrelli, 2011; Eksterowicz & Paynter, 2000; Watson, 1997; Winfield, 1997). Aunque existen estudios, entrevistas y biografías sobre algunas primeras damas latinoamericanas, aún escasean los análisis comparados que entreguen luces sobre su rol político de éstas. En esta columna presentaré datos inéditos sobre el tema.

¿QUIÉNES SON LAS PRIMERAS DAMAS?

La primera dama puede jugar un papel clave en el gobierno. En este sentido, el activismo de la primera dama está determinado por el tipo de régimen gubernamental: el presidencialismo, el cual concentra el poder ejecutivo en una persona electa directamente por la ciudadanía, como es el caso de Chile hoy. Eso explica que la figura de la primera dama sea crucial en países presidencialistas como Estados Unidos y en los países latinoamericanos y no en Europa, que no tienen un régimen presidencial¸ con la excepción de Chipre. No obstante, la primera dama de un sistema semipresidencialista también puede desempeñar un papel activo, como en Francia.

Aunque no hay restricciones legales para nombrar a alguien como primera dama, hasta ahora lo usual es que el cargo lo ocupe la esposa del presidente. Sin embargo, el rol también puede ser ocupado por un hombre, otra mujer con o sin vínculo sexo-afectivo o algún pariente cercano. Hay casos en América Latina donde el cargo de primera dama ha sido ocupado por la hija o hijo[1], hermana[2]; esposo[3] o alguna persona designada por el jefe de Gobierno[4].

Las primeras damas forman parte de lo que algunos autores llaman presidencia institucional (Inácio y Llanos 2016), en alusión al grupo de agencias y asesores que trabajan bajo la autoridad del presidente, apoyándolo en los procesos de toma de decisiones y de manera independiente al gabinete, ya que ellas tienen su oficina propia. Según Watson (1997, p. 814), la primera dama no sólo juega un rol en la vida personal y social del presidente, sino que también en su vida pública y trayectoria. Por lo tanto, las primeras damas pueden afectar el desempeño presidencial y la evaluación que del presidente hacen instituciones, políticos y votantes.  Un caso particular fue el Nadine Heredia, quien era más popular que su marido el presidente Ollanta Humala (2011-2016) (Ipsos, 2013) por lo que ella acudía a más eventos públicos que él para favorecer y subir la popularidad del presidente.

“La probabilidad de que las primeras damas con experiencia previa como políticas electas se presenten a las elecciones es del 70%, y hay un 86% de posibilidades de que compitan por el Congreso”

El cargo de primera dama es lo que el imaginario colectivo y la sociedad ha ido aceptando a través del tiempo que permite a estas mujeres participar directamente en la política en paralelo con el presidente y utilizar recursos gubernamentales. Gran parte de su trabajo de apoyo a la agenda del presidente se realiza a puerta cerrada, pero algunas instituciones formales refuerzan su papel. La oficina o gabinete de la primera dama es un organismo dentro de la presidencia institucional que apoya directamente su desempeño con personal, presupuesto, subunidades organizativas y tareas. Once de los dieciocho países latinoamericanos cuentan con una oficina de la primera dama. La estructura y el poder de la oficina de la primera dama son diferentes en cada país, y el grado de institucionalización también varía.

¿CUÁLES SON LOS ROLES DE LAS PRIMERAS DAMAS?

La literatura ha evidenciado que el rol de la primera dama es cada vez más político agregando nuevas responsabilidades y tareas (Borrelli, 2011; Burns, 2004; Guerrero Valencia & Arana Araya, 2018; Watson, 1997). Winfield (1997, p. 167) indica que las primeras damas han tenido históricamente en Estados Unidos cuatro roles: a) el rol de  acompañante: la esposa es mencionada solo por estar al lado de su esposo, no por alguna función independiente; b) papel protocolar: participando en eventos sociales, ceremoniales y diplomáticos; c) rol de caridad o nobleza obliga: se refiere a las buenas obras relacionadas con los orfanatos, los sin techo o los pobres, que representa una extensión natural del trabajo voluntario de las mujeres en la comunidad, y (d) el papel político, donde ayuda a formular, desarrollar e influir en las cuestiones de política pública.

Las principales funciones descritas son complementarias. Algunas primeras damas son discretas y sólo hacen hincapié en un o dos papeles durante el mandato presidencial. Sin embargo, lo más habitual es que apoyen la agenda del presidente, participando activamente en la política y combinando todos los roles.

Algunos estudios se han centrado principalmente en el papel internacional de la primera dama (Erickson & Thomson, 2012; Patel, 1998; Van Wyk, 2017). Ellos sostienen que las primeras damas tienen capacidades personales, políticas y estructurales para participar activamente no solo en la política nacional sino que también en la regional e internacional. Por ejemplo, una primera dama puede acompañar al presidente en sus viajes oficiales, asistir a reuniones en otros países y a conferencias internacionales, y pronunciar discursos en organismos internacionales, como por ejemplo la asamblea de las Naciones Unidas como lo hizo Cecilia Morel en 201l  cuando presentó su programa Elige Vivir Sano ante el plenario de Naciones Unidas.

LA EXPANSIÓN DEL ROL EN DEMOCRACIA

En Chile, al igual que en los demás países de América Latina y Estados Unidos, el cargo de primera dama no está regulado situándose en una zona gris dentro de la institucionalidad pública. Algunos autores estadounidenses critican que las primeras damas no rinden cuentas no sólo a los votantes sino que tampoco a otras instituciones gubernamentales (Broyde & Schapiro, 1998; Patel, 1998; Wasserman, 1995). La ambigüedad del papel es lo que permite un desempeño flexible del cargo.

Tras la dictadura de Augusto Pinochet, algunas instituciones gubernamentales debían cargar más que otras con el peso histórico que dejó el régimen. El caso de la oficina de la primera dama fue una de ellas. Lucía Hiriart contó con excesivos recursos públicos, donaciones nacionales e internacionales para expandir su trabajo e influencia a cargo de CEMA Chile con las irregularidades descubiertas posteriormente. Ella, además, creó FUNACO (Fundación Nacional de Ayuda a la Comunidad) que precedió a la actual Fundación Integra. Fue una organización liderada que cumplía un propósito político y estratégico: conformar una organización nacional de mujeres voluntarias preocupadas de la niñez, la pobreza, pero también de disciplinar la vida de poblaciones vulnerables (Correa et al., 2021).

Desde el retorno de la democracia, cada primera dama ha realizado políticas públicas o programas emblemáticos que benefician a un grupo específico de la sociedad, además de cumplir con el rol protocolar. Esto implica que cada programa se ha ido sumando a los creados por sus antecesoras generando una expansión considerable de las tareas, influencia y recursos disponibles que se han institucionalizado en las actualmente siete fundaciones existentes que preside la primera dama Cecilia Morel, esposa del presidente Sebastián Piñera. Las fundaciones son entidades de derecho privado sin fines de lucro, lo que permite recibir donaciones nacionales e internacionales, por ejemplo de empresas, organismos internacionales, personas particulares, etc. Estas donaciones hacen que el presupuesto para manejar las fundaciones pueda aumentar considerablemente, ya que no están limitadas por la ley de presupuesto como las demás instituciones estatales.

Las siete fundaciones que actualmente maneja Cecilia Morel existen desde antes del retorno de la democracia. En 1979, se creó la Fundación Integra. Leonor Oyarzun (primera dama gobierno de Patricio Aylwin) inauguró la Fundación para la de Promoción de la Mujer (PRODEMU) y la Fundación de las Familias. Marta Larraechea (primera dama gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle) creó el Museo Interactivo Mirador que luego de denominó Fundación Tiempos Nuevos. Luisa Durán (primera dama gobierno de Ricardo Lagos) promovió el programa “Sonrisa de mujer” y creó las fundaciones Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, Artesanías de Chile y Chilenter. Cecilia Morel (primera dama gobierno de Sebastián Piñera) lideró el programa “Elige Vivir Sano”, que posteriormente convirtió en la Fundación Chile Vive Sano, pero no a cargo de la primera dama sino que de ella de manera privada[5]. El programa Elige Vivir Sano está fuertemente inspirado en el programa “Let´s move” liderado por Michelle Obama en Estados Unidos.

El cargo de Primera Dama no está regulado, pero cuenta con una oficina. Desde 2009 se denominó Dirección Sociocultural de la Presidencia[6], luego en 2010[7] se cambió el nombre a Gabinete de la Primera Dama y en 2014[8] volvió a nombrarse Dirección Sociocultural de la Presidencia. El cambio de nombre responde a que cuando asumió Michelle Bachelet no tenía pareja y nombró a dos mujeres sin vínculo sexo-afectivo en su primer gobierno y en su segundo gobierno fue su hijo y luego a una mujer sin vínculo sexo-afectivo. Según la Contraloría General de la República la primera dama no está obligada a realizar declaración de intereses y patrimonio (DIP).

La única ex primera dama chilena que hasta ahora ha incursionado en la arena política subnacional una vez dejado el cargo es Marta Larraechea, quien compitió por al alcaldía de Santiago en el 2000, perdiendo frente a Joaquín Lavín. Debido al sistema electoral de esa época, fue electa como concejala de la comuna.

DARLE UN GIRO AL CARGO

Repensar el rol de las primeras damas tiene diversas aristas, tal como planteó Irina Karamanos al anunciar que asumiría para darle “un giro más contemporáneo, más despersonalizado y con otra forma de relacionarnos con el poder”. Esto implica considerar el aspecto institucional del rol, que actualmente reside en la dirección sociocultural de la presidencia con las siete fundaciones y el gabinete de la primera dama y a su vez analizar críticamente el componente personal: el sello y participación política que tendrá. La conversión institucional, la inclusión de mayores estándares de transparencia, la mirada feminista y la coordinación interministerial son algunos de los desafíos propuestos para resignificar el quehacer de las primeras damas en Chile.

Como el cargo no está regulado legalmente en ningún país, existe espacio para repensarlo y realizar cambios graduales acorde con los nuevos tiempos y la personalidad de la primera dama. Las primeras damas no necesariamente por ser mujeres van a promover una agenda pro-mujer. Su comportamiento debe ser analizado desde una mirada de representación sustantiva interseccional. Es decir no solo hay que ver que sean mujeres, sino a quiénes representan y de qué forma lo hacen. No es lo mismo una primera dama de ideología conservadora a una liberal, lo que se verá reflejado en sus discursos, acciones, políticas y asesores.

El cargo de primera dama es político y tiene mucho simbolismo a nivel nacional e internacional y por lo tanto no es rígido y puede seguir cambiando. Es importante resignificar el rol, darle una mirada renovada con perspectiva de género, incluir mayores estándares de transparencia y no duplicar funciones que ya tienen otros organismos en el gobierno, sino más bien coordinar y promover temas de la agenda pública.


NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Cristiana Chamorro (Nicaragua, 1990-1997); Zulema Menem (Argentina, 1992-1995 y1995. 1999), María Dolores Alemán (Nicaragua, 1997-1999), Keiko Fujimori (Perú, 1994-1995, y 1995-2000 entre otras), Sebastián Dávalos (Chile, 2014-2015)

[2] Rosario Paz Zamora (Bolivia, , 1989-1993), Mercedes Lugo (Paraguay, 2008-2012), Ruby Moscoso (Panamá, 1999-2004)

[3] Néstor Kirchner (Argentina, 2007-2010), and José María Rico Cueto (Costa Rica 2010-2014)

[4] Adriana del Piano (Chile, 2006-2007), María Eugenia Hirmas (Chile, 2007-2010), and Paula Forttes (Chile, 2015-2018)

[5] Esto le permitió seguir al mando de esta fundación que nació de un programa gubernamental con recursos públicos, cuando su marido ya había terminado su mandato presidencial

[6] Resolución Exenta Nº0974, de 17 de abril de 2009.

[7] Resolución Exenta Nº3663, de 05 de noviembre de 2010

[8] Resolución Exenta Nº3809, de 13 de noviembre de 2014

Referencias

Arana Araya, I., & Guerrero Valencia, C. (2022). When Do First Ladies Run for Office? Lessons from Latin America. Latin American Politics and Society, Forthcoming.

Borrelli, M. (2011). The politics of the President’s Wife. Texas A&M University Press.

Broyde, M., & Schapiro, R. (1998). Impeachment and accountability: The case of the first lady. Constitutional Commentary, 15(3), 479–509.

Burns, L. M. (2004). First Ladies as political women: Press framing of Presidential Wives 1900-2001. University of Maryland.

Correa, C., Falabella, A., & Barco, B. (2021). La mano de “Doña Lucía” en la educación parvularia chilena (y su vigencia hasta hoy). Tercera Dosis.

Eksterowicz, A., & Paynter, K. (2000). The Evolution of the Role and Office of the First Lady: The Movement Toward Integration with the White House. The Social Science Journal, 37(4), 547–562.

Erickson, K. V., & Thomson, S. (2012). First Lady International Diplomacy: Performing Gendered Roles on the World Stage. Southern Communication Journal, 77(3), 239–262.

Guerrero Valencia, C., & Arana Araya, I. (2018). Mucho más que acompañantes: La irrupción electoral de las primeras damas latinoamericanas, 1990-2016. In J. Suárez-Cao & L. Miranda Leibe, La política siempre ha sido cosa de mujeres: Elecciones y protagonistas en Chile y la región. Flacso Chile.

Guerrero Valencia, C., & Arana Araya, I. (2019). Las primeras damas como miembros de la elite política. América Latina Hoy, 81, 31–49.

Ipsos. (2013). (Resumen de Encuestas a La Opinión Pública La candidatura de Nadine y la oposición). https://www.ipsos.com/sites/default/files/publication/2013-04/OD_abril_2013.pdf

Patel, N. (1998). First Lady, Last Rights? Extending Executive Immunity to the First Lady. Hastings Constitutional Law Quarterly, 25, 585–604.

Van Wyk, J.-A. (2017). The First Ladies of Southern Africa: Trophies or Trailblazers? Politikon, 44(1), 157–172.

Wasserman, C. D. (1995). Firing the First Lady: The Role and Accountability of the Presidential Spouse. Vanderbilt Law Review, 48(1215), 1215–1259.

Watson, R. (1997). The First Lady Reconsidered: Presidential Partner and Political Institution. Presidential Studies Quarterly, 27(4), 805–818.

Winfield, B. (1997). The First Lady, Political Power, and the Media: Who Elected Her Anyway? In P. Norris, Women, Media and Politics (pp. 166–179). Oxford University Press.

 

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