El rol de la estadística en la sociedad y en el espacio público

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“Como académicos hemos intentado mostrar la incerteza de las encuestas de la manera más ecuánime posible. Pero, personalmente, en el ámbito público, espero que aprobemos la Nueva Constitución, para así pensar el rol de la estadística también en este espacio, y ver si naufraga esa estadística rutinaria (sic) ad hoc a la sociedad rutinaria”, escribe Ernesto San Martín en esta carta donde analiza el debate que se ha producido sobre las encuestas, su supuesta capacidad de predecir y el rol que han jugado en la elección más importante de los últimos 20 años en Chile.


αἰὲν ἀριστεύειν καὶ ὑπείροχον ἒμμεναι ἄλλων[1]

Creo que para un estadístico como yo sería más estratégico escribir estas reflexiones la noche del 4 de septiembre próximo, cuando ya conozcamos los resultados del plebiscito de salida: conoceremos la proporción de votantes que efectivamente asistió a las urnas, y, entre dicha población, la proporción de los que aprobaron la Nueva Constitución, el porcentaje de los que la rechazaron, y el porcentaje de los que votaron nulo o blanco. Sería más estratégico porque, entre los muchos debates que se han desatado en este tiempo de campaña, uno de ellos tiene que ver con la confianza o desconfianza que ciudadanos y ciudadanas deberíamos tener en las denominadas encuestas de opinión tales como CADEM, Pulso Ciudadano, CEP, entre muchas otras.

El debate consiste esencialmente en advertir dos aspectos: el primero es que estas encuestas deben reportar un hecho, a saber, el total de encuestados que votaría apruebo o rechazo el próximo 4 de septiembre. El segundo es que si estas encuestas publican porcentajes de intenciones de votar apruebo o rechazo, y los verbalizan como si se tratase de toda la población de chilenas y chilenos, entonces transforman el hecho en una noticia falsa. Dos razones sustentan esta afirmación:

  1. Es lógicamente contradictorio afirmar que una muestra de una encuesta representa lo que no conocemos de la población. Es imposible operacionalizar un criterio que permita probar este supuesto. De ahí que tajantemente seguimos afirmando que no existen las muestras representativas[2].
  2. Dado que este tipo de muestras no existen, entonces, si queremos inferir a partir de los resultados obtenidos en la encuesta la intención de votos de quienes no contestaron, es necesario que el reporte verbal permanentemente explicite la incerteza de esta operación inferencial. Si no se hace, simplemente se miente. Es más, si la prensa se limita a repetir un reporte incorrecto de una encuesta, entonces expande una noticia falsa[3].

Pero en este debate, las encuestadoras insisten en dos aspectos: uno, la coincidencia de los resultados de las encuestas semana a semana; incluso señalan el hecho de que diferentes encuestas obtienen resultados similares. El otro aspecto es que en el pasado sus resultados fueron muy cercanos a lo que se pudo observar en las urnas. Una vez que esto ha sido establecido, la discusión la centran en saber cuál es la mejor encuesta, lo que tarde o temprano les llevará a enfatizar su cercanía con los posibles resultados que conoceremos el 4 de septiembre. Las encuestas pueden seguir reportando sus resultados, hacer oídos sordos a nuestras correcciones metodológicas y de reporte[4], y esperar la noche del 4 de septiembre: la que esté más cerca de lo que ocurra en las urnas podrá ofrecer esa coincidencia como carta de presentación y así asegurar contratos con entidades públicas y privadas pues ha de haber mostrado lo confiable que resultó ser … y, por extensión, lo confiable que debe ser en el futuro.

Y aquí aparece, junto a la auto-designación que las encuestas hacen de sí mismas –encuestas de opinión– la motivación de por qué no esperar la noche del 4 de septiembre para responder la pregunta que titula estas reflexiones.

El rol de la Estadística en la sociedad es claro, muy claro. Tan claro que permite entrever el posible rol de la Estadística en el ámbito público, que es, al menos desde Aristóteles y Homero, el ámbito de la política. De hecho, si algo aprendí(mos) del plebiscito de entrada del 25 de octubre de 2020 es a reconocer un acto político. Vamos por parte.

En su texto Sobre la Violencia, Hannah Arendt hace una afirmación que aclara el rol que la Estadística, como herramienta de predicción, cumple de facto en la sociedad, particularmente por medio de aplicaciones en Ciencias Sociales:

«Los acontecimientos, por definición, son ocurrencias que interrumpen el proceso rutinario y los procedimientos rutinarios; solo en un mundo en el que nada importante sucediera, podría llegar a ser cierto el sueño de los futurólogos. Las predicciones del futuro no son nada más que proyecciones de procesos y procedimientos automáticos del presente, esto es, de ocurrencias que, de manera verosímil, ocurrirían si los hombres no actuaran y si no ocurriera nada inesperado; cada acción, para bien y para mal, y cada accidente necesariamente destruyen toda el patrón en cuyo marco se mueve la predicción y donde encuentra su evidencia […] Llamar a tales ocurrencias inesperadas, imprevistas e imprevisibles, “hechos de azar” o “los últimos coletazos del pasado”, condenándolos a la irrelevancia o al famoso “basurero de la historia” es el más viejo truco del oficio; el truco contribuye sin duda a aclarar la teoría, pero al precio de alejarla más y más de la realidad. El peligro es que estas teorías no solo son plausibles, porque obtienen su evidencia de las tendencias actualmente discernibles, sino que, gracias a su consistencia interior, poseen un efecto hipnótico; duermen nuestro sentido común, que es nada menos que nuestro órgano mental para percibir, comprender y tratar a la realidad y a la factualidad»[5]. 

Es impresionante cómo resuenan los términos que hoy por hoy, en la denominada era de los datos, son utilizados casi a diario por la llamada ciencia de datos[6]. Pero volvamos al texto de Hannah Arendt: un acontecimiento es lo que interrumpe lo rutinario. Un acontecimiento es un acto político, un acontecer que la rutina no pudo prever, pues precisamente el acto político es imprevisible y sus consecuencias totalmente inesperadas.

La elección de convencionales provenientes de movimientos sociales fue un acto político: ni los partidos políticos tradicionales, ni la prensa, entrevieron la aparición en el espacio público de nuevos actores (=los que actúan). Y no lo vieron porque asumían que con el método de D’Hondt, método de asignación parlamentaria, era muy difícil para los independientes lograr escaños. Creo –me gusta creerlo- que cuando tuve la ocasión de explicar en plazas del distrito 11[7] la necesidad de concitar muchos votos, pues de esa manera era más probable obtener escaños[8], los movimientos sociales lo entendieron y formaron listas que concitaron gran cantidad de votos: fue algo inesperado porque fue un acto político[9]. Muchos de nosotros hemos sido testigos, en estas semanas de campaña por el Apruebo o Rechazo, e incluso antes, cuando la Convención estaba en pleno trabajo, cómo personeros de partidos políticos, intelectuales conocidas en el campo de la opinión pública, y hasta ex-rectores de universidades, han vilipendiado o derechamente han atribuido lo que llaman un “mal texto constitucional” al hecho de que fue redactado por una mayoría que … rompió la rutina de estos últimos 30 o 40 años.

Hannah Arendt, aguda como siempre, contrasta la sociedad con el ámbito público. La sociedad está caracterizada por el conformismo, por una rutina espesa, en la que no hay acción, sino solo una preocupación por la vida biológica sin más, la vida desnuda que ella misma, mostrando la inoperancia de la declaración de Derechos Humanos, forjó como concepto[10]:

«La sociedad es la forma en la que se da importancia pública al hecho de que los hombres dependen unos de otros para vivir y nada más; es la forma en la que se permite que aparezcan en público las actividades relativas a la pura supervivencia».

Y en otro lugar de La Condición del Hombre, dice:

«El carácter monolítico de cualquier sociedad, su conformidad con un único interés y opinión, tiene su origen en la unidad de la especie humana»

La sociedad tiene, o debe tener en la mirada de los que solo enfatizan la pura supervivencia, la pura vida animal/biológica, una sola opinión. No es casualidad que las encuestas, esas que esperan estar lo más cercano a los resultados que conoceremos el 4 de septiembre próximo, se autodenomine encuestas de opinión, y no encuestas de opiniones. No hay una sola opinión … pero eso solo ocurre en política. Si esta es suplantada, como ocurre en nuestros días, por la sociedad monolítica, entonces debe haber una opinión, y ello explica el éxito de las encuestas entre la prensa, entre los así llamados políticos, entre los miembros del Congreso Nacional. De ahí que la descripción que Hannah Arendt hace de la estadística no deja de interpelarme profundamente:

«Las leyes de la estadística sólo son válidas para números grandes o períodos largos; los actos y acontecimientos sólo pueden aparecer estadísticamente como desviaciones o fluctuaciones. Lo que justifica la estadística es que los acontecimientos y las grandes acciones son poco frecuentes en la vida cotidiana y en la historia»

El rol de la estadística en la sociedad es simplemente enfatizar de manera técnica el status quo.

¡Cómo ayudan estas consideraciones para entender las opiniones y los esfuerzos que se hacen hoy por hoy en favor del rechazo! Rechazo, para mí, de un acto político que rompió la rutina de nuestra República. Basta con escuchar cómo los eventuales argumentos exacerban los aspectos de la vida privada: subsistencia, abrigo, techo. Si rutinariamente se tienen, para qué cambiar. Y por ello muchas de las expresiones que se utilizan en la propaganda por el rechazo apelan al mundo privado, de la familia: la casa común, la mesa del té club, estar en familia.

¿Cuál es el inconveniente de estos modos de expresión?, podría preguntarse cualquiera de nosotros. Pues hay dos que tienen enormes consecuencias políticas. El primero es que una familia o un clan se caracterizan por aglutinar a los que se parecen, a los que son muy similares[11]. Pero el ámbito público, el de la política, precisamente es el ámbito de la total diferencia, de la mayor heterogeneidad: es necesario ser diferentes para construir, no la casa común, sino el ámbito común de las acciones políticas. Y en segundo lugar, el ámbito privado es eso: privado. ¿Privado de qué? De la libertad de poder encontrarse con los diferentes, e intentar construir, en batalla, lo común. Y lo común se construye a partir del encuentro de las opiniones.

¿Qué rol podría tener la estadística en el ámbito común, en el ámbito de la política?  Un acontecimiento es político cuando es inesperado, cuando es imprevisible. Quiero empalmar estas características con lo que los estadísticos entendemos por incerteza. Hay incerteza a la hora de describir acontecimientos políticos pues estos son impredecibles. En esto precisamente hemos querido distinguirnos de técnicos estadísticos (con o sin doctorado): no nos interesa predecir, sino mostrar cuánta incerteza hay en lo que las encuestas reportan. Hemos enviado este mensaje a la sociedad para que se percate que es posible entrar en el ámbito público, ese que se abrió con la Convención Constitucional, ése que genera un texto que promete acciones imprevistas, ése que nos permita un actuar libres, más allá de la pura vida biológica, esa que nos concierta en vivientes políticos, como decía Aristóteles en su Política, después de burlarse de Platón que creía que el gobierno de la polis era de la misma forma que el gobierno de una familia o clan.

Personalmente espero que la Nueva Constitución sea aprobada porque es un acto político que nos abrió la puerta para poder entrar al ámbito público: es por ello que votaré apruebo. Como académicos hemos intentado mostrar la incerteza de las encuestas de la manera más ecuánime posible, lo que implica mostrar ambos lados. Pero personalmente, en este ámbito público, espero que aprobemos la Nueva Constitución, para así pensar el rol de la estadística en este ámbito, y ver si naufraga esa estadística rutinaria (sic) ad hoc a la sociedad rutinaria.


NOTAS Y REFERENCIAS

[1] “destacar siempre y estar por encima de otros”, Homero, Iíada VI, 208.

[2] Ver estas publicaciones en Tercera Dosis: https://terceradosis.cl/2022/07/04/votacion-constituyente-problemas-eticos-y-metodologicos-de-las-encuestas-que-anticipan-sus-resultados/; https://terceradosis.cl/2022/07/17/carta-respuesta-de-ernesto-san-martin-a-gonzalo-mena-sobre-las-encuestas-y-la-posibilidad-de-generar-muestras-representativas/

[3] Un ejemplo flagrante fue el Diario La Tercera; ver https://www.elciudadano.com/tag/ernesto-san-martin/

[4] El lector interesado puede encontrar estos reportes, e información adicional, en https://lies.mat.uc.cl/trasnparentando-la-cadem/

[5] Tomado de Crisis de la República, Editorial Trotta, 2015, pero corregido a partir del original en inglés On the Violence, A Harvest Book Harcourt Inc., 1969.

[6] Es importante mencionar que la ciencia de datos (sintagma que, si se analiza, resulta difícil de describir) se configuró como una disciplina bajo la mirada que asume que todo hecho en el mundo debe ser estudiado por una disciplina, la cual delimita dicho hecho y lo desconecta de la complejidad en la cual apareció. Dicho de otra manera, cada disciplina carece de la mirada orgánica de un fenómeno, lo que tiene múltiples consecuencias tanto en la formación de estudiantes, como en la presunta aplicación de la misma en problemas del mundo. Para una discusión acerca de esta concepción de disciplina, ver R. Frodeman, Sustainable Knowledge. A Theory of Interdisciplinarity. Palgrave Pivot, 2014.

[7] Para detalles, ver https://lies.mat.uc.cl/proceso-constituyente/

[8] Una de las propiedades del Método de D’Hondt es que privilegia las listas que tienen alta votación; para detalles, ver https://lies.mat.uc.cl/wp-content/uploads/2020/12/DP2020_05.pdf y https://lies.mat.uc.cl/wp-content/uploads/2020/12/DP2020_06.pdf

[9] Tuve la oportunidad de discutir estos aspectos en una columna en lo que fuera Ciper académico: https://www.ciperchile.cl/2021/01/02/eleccion-de-constituyentes-como-y-por-que-el-sistema-electoral-limita-los-cambios-y-premia-a-los-que-se-unen/

[10] Para detalles, ver la última sección de la segunda parte de su The Human Condition, The University of Chicago, 1958.

[11] En este respecto, las reflexiones agudas de Nicole Lapierre dan mucho que pensar: Faut-il se ressembler pour s’assembler? Seuil, Paris, 2020.

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