¿El estallido social de octubre fue una ilusión? ¿Chile realmente despertó? El autor sostiene que ni la sociedad chilena había despertado en Octubre, ni se durmió ahora. Apresurarse en sacar conclusiones puede llevarnos a equivocar los diagnósticos.
¿Por qué ganó el rechazo en Petorca, si la nueva Constitución se hacía cargo de asegurar el derecho al agua? ¿Por qué perdió el apruebo en las comunas indígenas, si el texto reconocía un país multicultural? A partir del análisis de conversaciones cotidianas, esta columna propone seis posibles explicaciones para los resultados del 4/09.
El politólogo Juan Pablo Luna cuestiona la idea de que Chile esté polarizado. La que sí lo está es nuestra clase política, cada vez más personalista, estridente, siempre atenta a sacar provecho de escándalos contingentes, escribe. En la tercera columna de esta serie, Luna sugiere que lo que le pasa a Chile es que está cruzado por un descontento social al que hoy se suman “desesperanza y el hastío”. Nuestra clase política no es capaz de leer y representar ese descontento, advierte.
Los técnicos hacen política aunque no se den cuenta, y reclamen para sí la neutralidad. Juan Pablo Luna despliega aquí argumentos para repensar la idea de la ausencia de técnica en la Convención Constitucional. El problema no es que haya faltado técnica sino la fragmentación política asociada a la crisis de legitimidad de la política. Esa crisis seguirá pautando la discusión política chilena luego del plebiscito.
La elite tradicional chilena ha sido perdurable en el tiempo. Esta columna resume los hallazgos de una investigación sobre cómo se organizaba la oligarquía en el siglo XIX, cuando su núcleo lo componían ocho familias que usted probablemente conoce (puede intentar adivinar cuáles son antes de leer el artículo). El autor muestra que el momento constitucional de 1925 marcó el declive político de esa elite, pero que su preponderancia social se ha visto poco afectada hasta el día de hoy.
Gane el Apruebo o el Rechazo deberá establecerse un nuevo sistema político, un bicameralismo donde la segunda cámara actúe como “revisora” y evite capturas, plantea la columna. De esta manera puede atenuarse un peligro que recorre el mundo: autoritarismos en democracia, a lo Chávez en Venezuela, Orbán en Hungría o Putin en Rusia, analiza el autor.
Más de 200 académicos de la PUC firman esta carta en la que expresan su apoyo a la opción Apruebo en el próximo plebiscito. “¿Sería acaso posible un acuerdo total o casi, o un texto casi perfecto? En una sociedad utópica, desde luego que sí, no en un país herido por 17 años de dictadura […]
“Como académicos hemos intentado mostrar la incerteza de las encuestas de la manera más ecuánime posible. Pero, personalmente, en el ámbito público, espero que aprobemos la Nueva Constitución, para así pensar el rol de la estadística también en este espacio, y ver si naufraga esa estadística rutinaria (sic) ad hoc a la sociedad rutinaria”, escribe […]
Tan importante como contar con datos es promover colaboración entre quienes toman decisiones. La columna examina una iniciativa piloto desarrollada en Chile y propone cuatro criterios metodológicos para impulsar políticas públicas diseñadas a partir de información y relaciones de confianza entre ciencia y política. Los sistemas de conocimientos, en la amplia diversidad de sus orígenes […]
Algunos creen que el problema de la constituyente fue la falta de especialistas; otros mencionan el exceso de independientes o la polarización de la sociedad chilena como causas de que no se alcanzaran acuerdos sustantivos. El politólogo Juan Pablo Luna cree que esas ideas se basan en confusiones conceptuales que, lamentablemente, perdurarán más allá del plebiscito y que no permiten ver que “vivimos en una sociedad estallada, con una economía estancada y un estado crecientemente incapaz y desafiado por actores de facto”, explica. En esta columna aborda la obsesión de la elite chilena por crear modelos que sean un ejemplo para otros países; y el mito de que los partidos funcionan distinto a los independientes.









